La tarea investigativa a veces hace tropezar con auténticas
sorpresas que te abren horizontes insospechados y te obligan a explorar campos
hasta entonces muy distantes de tus planteamientos. Esto me ha ocurrido
recientemente con un autor español emigrante a Córdoba a mediados de siglo:
Cristóbal de Aguilar, personaje todavía con grandes lagunas biográficas, pero
del que se ha descubierto una interesante producción literaria (Cristóbal de
Aguilar, 1990, tomos 299 y 300). Había nacido en Sevilla en 1733, aunque
prácticamente toda su vida transcurrió en la ciudad argentina(se le sitúa ya
allí en 1750), donde tomó estado y desempeñó relevantes oficios eclesiásticos y
civiles, falleciendo a edad avanzada en torno a 1822. Lo que despertó mi
interés, además de nuestra relación de paisanaje, fue su colección de coplas –
de indudable mérito literario- titulada "Versos para recordar al Rosario de la
Aurora" (1990: tomo 2, págs 317- 321), que ciertamente denotaba algo más que un
recuerdo de su patria natal, cuna de los Rosarios públicos y tema fundamental de
mis investigaciones (Romero Mensaque, 2004) . Esta hipótesis fue corroborada al
consultar con la profesora Ana María Martínez de Sánchez que ha documentado a
Aguilar como un gran devoto del Santo Rosario, siendo hermano de la Cofradía
dominica de españoles (fue mucho años diputado de demandas) y también – y esto
es significativo- activo cofrade de una congregación dedicada al Rosario de la
Aurora y que en 1790 se fusionó con la antedicha Cofradía (Martínez , 2001). De
su especial devoción rosariana, amén de estas Coplas, escribió una décima bien
expresiva:
Servid con fe y devoción/ a María en su rosario,/ que ella
ofrece por salario/ una eterna salvación. / Esta santa devoción/ hace guerreros
valientes,/ fervorosos penitentes,/ leales conciudadanos;/ perfectos, a los
cristianos,/ y ángeles, a los vivientes.
Nos hallamos, pues, ante un autor que escribe lo que reza y
vive y, por tanto, un magnífico exponente para trazar los rasgos fundamentales
de la religiosidad cordobesa en la segunda mitad del XVIII.
En este breve trabajo, quiero establecer una glosa histórica
sevillana y andaluza a las Coplas de Cristóbal de Aguilar, que permita concretar
las características de las mismas y en general de los Rosarios de la Aurora,
tanto en Sevilla como en Córdoba, pues las fuentes consultadas documentan un
intenso marianismo en ambas ciudades y zonas de limítrofes y una continua
comunicación entre ambas, que posibilitó de seguro una mutua influencia. Para
ello trazaré un bosquejo de lo que fue el Rosario en Sevilla en la época de
Aguilar, cómo vivió esta religiosidad en Córdoba y, posteriormente, analizaré
concretamente el Rosario de la Aurora y sus coplas en base a las letras de
Aguilar, comparándolas con otras de Andalucía.
En este sentido cabe adelantar que las Coplas de Aguilar son
de las primeras que se documentan con la métrica que se ha hecho clásica de
siete versos, y difundida por toda España y América.

- Los Rosarios públicos en Sevilla y Córdoba en la época de Cristóbal de
Aguilar
1.1. El origen de los cortejos. Sevilla, cuna de la devoción.
Las hermandades y cofradías dominicas
No hay nada que defina mejor la religiosidad sevillana en
esta época que los Rosarios públicos, tanto de prima noche como de madrugada o
aurora. Cuando Aguilar nace, la ciudad estaba asistiendo a una auténtica
"explosión" rosariana en que a diario más de un centenar de cortejos recorrían
las calles rezando y cantando las avemarías. El Rosario, hasta entonces
circunscrito al ámbito de los templos, se había convertido casi en un
sacramento, esto es, un signo sensible de la presencia de Dios entre los hombres
por mediación de la Virgen. Unos años atrás, entre 1687 y 1690, un dominico de
carisma excepcional, Fray Pedro de Santa María de Ulloa – en una Sevilla marcada
por la coyuntura de la Peste de 1649 y las Misiones jesuíticas- inició un
proceso que ni él mismo previó en sus últimas consecuencias. Fallecido en olor
de santidad en 1690, algunos de los fieles que acudían al real convento dominico
de San Pablo a rezar bajo su dirección el Rosario y escuchar sus glosas al alba,
medio día y prima noche, salieron a esta última hora de la parroquia de San
Bartolomé a rezar el Rosario por las calles sin imágenes, casi sin insignias,
sólo probablemente un estandarte concepcionista o Simpecado. Lo hicieron
mientras se celebraban sus funerales. Fue una intuición popular que poco a poco
va adquiriendo una cierta formalidad de la mano de religiosos de distintas
órdenes: capuchinos (Fray Pablo de Cádiz), jesuitas y, por supuesto, los
Dominicos, que crearon un cortejo-tipo con la cruz, los faroles de asta y de
mano, las farolas- lucero de enorme tamaño y número de luces y la insignia
fundamental: el Simpecado. (Romero Mensaque, 2004: 45- 94)
El Rosario público es una práctica que otorga a la devoción
tres características fundamentales en la religiosidad barroca: el dinamismo, la
espontaneidad y la cotidianidad. Es mucho más que un cortejo que reza las
avemarías y considera los Misterios, es la expresión visual y sentimental de
cómo la Virgen se acerca a los vecinos. Por esa razón, la imagen de talla o
pintura cede en parte su importancia a esta otra imagen humana de los devotos
que conforman la procesión. Es pues, el Rosario, gracias a ellas, una devoción
plena de dinamismo, que sale de los templos y al mismo tiempo remite a él. Por
otro lado el Rosario se hace práctica espontánea, sencilla, accesible como tabla
de salvación del alma en momentos ciertamente difíciles. Y por último, se
convierte en cultura cotidiana: cada día sale el Rosario y es lugar de encuentro
entre el vecindario, de toma de conciencia social, se inserta en la vida de las
personas, de la ciudad.
Aguilar tuvo sin duda la oportunidad de conocer las misiones
del dominico Fray Pedro Vázquez Tinoco que en 1735 renovó extraordinariamente
los Rosarios públicos, pues a pesar del poco tiempo transcurrido, el uso devoto
estaba languideciendo a marchas forzadas y los cortejos se reducían en número y
entusiasmo. No me cabe ninguna duda que lo escuchó predicar y asistiría a
algunos de los Rosarios por él dirigidos, quizás a los que salían de las Gradas
de la Catedral, junto a la parroquia del Sagrario, donde fue bautizado. Aún niño
posiblemente se integrara en los cortejos infantiles que instituyó en varias
iglesias, al igual que hizo con adolescentes y jóvenes, pues hasta entonces los
Rosarios eran exclusivamente de hombres adultos. Pero la gran novedad de Tinoco
fueron los Rosarios de Mujeres, es decir, cortejos exclusivos para ellas, y con
ello consolidó definitivamente la devoción ya que, mientras los varones pronto
descuidaron los cortejos, ellas mantenían constantemente su rezo en común en las
iglesias, ya que las autoridades eclesiásticas ni las costumbres de entonces
permitían a las mujeres salir junto a los hombres en las procesiones de noche o
madrugada (aunque lo hacían). Vázquez Tinoco estableció que estos Rosarios
femeninos saldrían los domingos y festivos a primera hora de la tarde.
Cristóbal de Aguilar tuvo tiempo de asimilar el complejo
asociacionismo derivado de estos Rosarios y como la Orden de Predicadores
permaneció al principio formalmente al margen del fenómeno, aunque hubiese
frailes que alentaban esta innovación popular. Las Cofradías del Rosario de los
cenobios dominicos: San Pablo (la primitiva), Regina y Porta Coeli (la de San
Jacinto se fundó ya tras la marcha de Aguilar) permanecían circunscritas a sus
cultos mensales y procesión magna el primer domingo de octubre. Prácticamente
hasta la renovación de Vázquez Tinoco, los dominicos fueron impotentes testigos
de cómo surgían al margen de sus conventos decenas de congregaciones espontáneas
en parroquias, conventos o en simples retablos callejeros y muchas se
convirtieron en hermandades diocesanas con la sola aprobación del arzobispo, o
bien las ya existentes adoptaban como instituto el Rosario público. No obstante,
a partir de la década de los treinta, se comprueba como los promotores del
Rosario dominicos realizan misiones por toda la archidiócesis llamados por el
propio clero local y las autoridades civiles para que funden cofradías en las
parroquias mayores. También se incrementa la práctica de inscribir a todos los
hermanos de estas congregaciones y hermandades en las cofradías dominicas para
lucrarse de todas las gracias e indulgencia concedidas por los papas, con lo que
se llega a un cierto equilibrio de territorios, pues ciertamente la Orden pudo
rectificar y colocarse en vanguardia, pero al mismo tiempo reconoció el fin del
exclusivismo rosariano. Fue entonces cuando en determinadas cofradías, sobre
todo en las radicadas en la provincia, se incluyó dentro del instituto la salida
del Rosario por las calles.
En síntesis, las hermandades rosarianas en Sevilla respondían
a esta compleja tipología:
1.Cofradías dominicas propiamente dichas (siglos XV- XXI
2. Cofradías erigidas por la Orden de Predicadores, pero
con aprobación diocesana (todas desde 1604)
3. Hermandades de Nuestra Señora del Rosario, con
ejercicio público callejero como principal instituto, junto al culto a la
titular: (Desde el siglo XVIII se incorporan también las cofradías, sobre
todo en la provincia)
4. Hermandades de Nuestra Señora del Rosario, con culto
exclusivco interno dedicado a la imagen titular:
5. Hermandades penitenciales de Nuestra Señora del Rosario,
dedicadas primordialmente a la estación de penitencia en Semana Santa, con una
imagen titular dolorosa.
6. Hermandades de otras advocaciones con instituto de
Rosario público, por ejemplo con estas advocaciones: Alegría, Luz, Salud,
Amparo, Todos los Santos (Sevilla), Asunción (Estepa), Remedios (Estepa,
Marchena y Mairena), Desamparados (Marchena)…
7. Congregaciones, es decir, sin aprobación eclesiástica,
dedicadas a la salida del Rosario público en parroquias, conventos o
retablos callejeros (siglos XVII- XIX)
8. Hermandades dedicadas al Santo Rosario como ejercicio
no callejero (con instituto oracional y ejercicios internos de penitencia)…
9. Hermandades de Nuestra Señora de la Aurora o del
Rosario de la Aurora (dedicadas a la organización de estos cortejos y misas
de alba. Posteriormente rinden culto a una imagen de esta advocación)
1.2. Hacia una tipología de los Rosarios
Cuando llega a Córdoba descubre que Santo Domingo es el eje
rosariano prácticamente exclusivo y a su sombra se desarrollan diversas
devociones, entre ellas sin duda el Rosario público de noche y madrugada, aunque
como conocemos, existían al igual que en Sevilla congregaciones más o menos
autónomas que se dedican a organizar diariamente las avemarías por las calles y
en las madrugadas de los domingos el Rosario de la Aurora. No obstante el
contraste era notable
Pero, al igual que las hermandades, el Rosario público en
Sevilla respondía a una variada y compleja tipología, que puede resumirse así:
- Según la entidad organizadora y su sede canónica
1.- Rosarios parroquiales: Son los establecidos en una
parroquia con autorización del clero y formado primordialmente por feligreses.
2. Rosarios conventuales: Son los establecidos en las
iglesias de los conventos, bajo la dirección y amparo de la Orden religiosa
titular.
3.- Rosarios de hermandades: Son los que organizan los
propios cofrades de una hermandad y bajo su única responsabilidad, por lo que
gozaban de una amplia autonomía respecto al clero en líneas generales.
4.- Rosarios espontáneos o/ y de retablos callejeros:
organizados por grupos de vecinos de una collación o arrabal en un ámbito
separado del templo, normalmente en torno a un retablo adquirido a sus
expensas en plena vía pública y en el que colocaban una imagen de la Virgen,
bien en un lienzo, bien de talla y que constituía el punto de reunión para
comenzar el Rosario.
5. Rosarios de Comunidades monásticas o conventuales
Merced al testimonio del citado Vázquez Tinoco( Ave María:
s/f) se conoce que en el siglo XVIII eran varias las comunidades monásticas
femeninas y diversos conventos de frailes regulareslos que organizaban
cortejos del Rosario público, primordialmente de madrugada.
- Según la hora en que salían
- De prima noche (al toque de oraciones) Fueron al principio los más
importantes y salían a diario.
- De madrugada o aurora. Surgidos al mismo tiempo, la salida solía
restringirse a los domingos y festivos.
Según su periodicidad
Los rosarios públicos eran ordinarios y extraordinarios.
Los primeros se organizaban a diario, bien a prima noche o de madrugada. Los
extraordinarios sólo salían en ocasiones determinadas a lo largo del año. Todo
rosario poseía por lo general un doble juego de insignias, uno más simple:
cruz de palo, faroles de baja calidad...Simpecados con bordados simples y
lienzos con imágenes de tosca factura y otro de mayor riqueza con auténticas
obras de arte en orfebrería y bordados, destacando sobre todo los Simpecados,
que podían ser de color rojo-carmesí (los más frecuentes), blancos o celestes.
Los Rosarios extraordinarios podían ser de distintos tipos:
1.- Los de Gala: Eran los más importantes. Se llevaban a
cabo en ocasión de la fiesta principal de la institución que lo organizaba y
en alguna efeméride especial. Tenía la particularidad que en ellos se lucían
las mejores insignias: cruz dorada, farolas artísticas (Marías) y el Simpecado
de Gala. En varias hermandades se organizaba con este Rosario las "Novenas de
calle". Solía llevar acompañamiento musical de violines y bajones junto a
cantores especializados: tenor, tiples y vicetiples, amén de un coro infantil
que entonaba las avemarías.
2.- Los de Ánimas: Fueron de gran importancia durante el
siglo XVIII. Salían en los primeros días del mes de noviembre (Novena de
Ánimas) haciendo estación a cruces, cementerios o retablos de ánimas. Tenían
Simpecado propio de color morado o negro.
3.- Los penitenciales: Salían en Cuaresma y se constata que
hacían estación al humilladero de la Cruz del Campo. Se ha documentado en
ellos los Simpecados negros.
4.- Los de rogativas: Hacían estación en ocasión de
alguna calamidad pública de la ciudad, como los que salieron en ocasión de la
Pestilencia de 1800.
5.- De acción de gracias: Eran rosarios que salían cuando
ocurrían acontecimientos de especial alegría para la ciudad como ocurrió con
la visita del rey Felipe V.
Según los integrantes
Masculinos
Femeninos
Infantiles y juveniles
Esta expansión fue creando una auténtica geografía rosariana.
Cada rosario tenía su propia "feligresía",es decir, su ámbito de influencia
entre el vecindario ya que era éste quien sostenía con sus limosnas los gastos
de la procesión diaria. Por esta razón, se creaban unas fronteras no escritas,
determinadas calles por las que normalmente transitaba, estaciones ordinarias a
donde acudía. Aunque la competencia existía y a veces generaba enfrentamientos
serios, también se constata una relación de solidaridad y cortesía entre los
Rosarios vecinos, frecuentando sus sedes en las estaciones y así el retablo o la
iglesia por donde transitaba una procesión, era profusamente engalanada, se
encendían luces y los hermanos la recibían con faroles y el Simpecado,
celebrándose todo un curioso ceremonial con el canto de la Salve y algunas
coplas, encuentro de Simpecados, etc. Igualmente solían invitarse entre sí en
ocasión de algún acontecimiento festivo de alguna de ellas, sobre todo en
ocasión de la bendición de un nuevo Simpecado o fundación de una congregación
nueva, en que ésta solicitaba el padrinazgo de otra de mayor antigüedad, que
acudía con su Simpecado de Gala.
Lo que sí se observa es una especie de discriminación entre
los rosarios templarios hacia los radicados en retablos callejeros en ocasión,
por ejemplo, del recibimiento en su sede, en el que no solían sacar las
insignias de Gala.
1.3. La decadencia de los primitivos cortejos y el auge de los de Aurora
A los pocos años de que Cristóbal de Aguilar abandonara
Sevilla, se asiste a un inevitable ocaso del Rosario público, al menos en los
planteamientos con que surgió. Las limosnas de los vecinos no bastaban para
sufragar los gastos. Algo fallaba cuando algunos de estos Rosarios tenían que
solicitar la ayuda de "enganchadores" que antes de la salida iban por las calles
presionando a los vecinos para que participaran en la procesión, recurriendo
muchas veces a militares o niños, que tomaban este asunto como un juego. Había
comitivas muy costeadas, con abundante aparato musical y prácticamente vacías.
Los Rosarios parecían haberse convertido en formas huecas de una religiosidad
que no existía con la fuerza y sinceridad de épocas pasadas. Era un primer aviso
serio de la crisis. Parecía resquebrajarse la cristiandad barroca.
Tan gran número de rosarios necesariamente hubo de generar
diversas problemáticas cuando, ya en la segunda mitad de siglo, la devoción
había perdido en mucho las características primitivas.
El propio prelado de la archidiócesis, Cardenal Solís, en 15
de noviembre de 1756, publicó un Decreto sobre los excesos de estos Rosarios,
prohibiendo se canten coplas y salves en las estaciones e iglesias, exceptuando
las antiguas que dan comienzo con "Todo el mundo en general", de Miguel Cid, e
igualmente prohíbe, bajo pena de excomunión mayor, que las mujeres,
especialmente de noche, caminen tras los Rosarios de hombres.
Las medidas del gobierno ilustrado fueron poco a poco
abriendo un horizonte evidente en la mentalidad del pueblo: la religión no era
ya la única instancia posible para entender la realidad y el sentido de la vida.
No se podía seguir inmersos en unos esquemas contrarreformistas y se origina una
crisis indudable en la religiosidad popular, de la que un buen índice son los
Rosarios. Poco a poco disminuyen las procesiones diarias, sobre todo las de
Prima Noche, mientras que las de Madrugada tienden a salir los festivos y con su
denominación ya de la Aurora, que, poco a poco, va cobrando una nueva fuerza
durante toda la centuria decimonónica. La religión y sus manifestaciones más
sensibles retornan a los templos, la imagen titular de cada congregación del
Rosario centra de nuevo la principal devoción en detrimento del cortejo público.
De esta manera cabe explicar también el progresivo auge de la Procesión anual de
la imagen durante su festividad, acompañada al principio por el Rosario de Gala
vespertino o de prima, pero muy pronto adquiere naturaleza propia e
independiente del Rosario.
1.4. El Rosario de la Aurora
El Rosario de la Aurora, como queda dicho, es una de las
modalidades de los cortejos de los Rosarios. Se le llamaba también de madrugada,
porque salía en torno a las tres de la mañana. Los primeros cortejos comenzaron
prácticamente al unísono de los de prima noche, en 1690, siendo uno de los
primeros el de las Gradas de la Catedral.
La particularidad respecto al de prima es que su salida tiene
lugar los domingos y festivos y que a su finalización se celebra la denominada
"misa de alba", una tradición muy popular, que concitaba sobre todo a personas
de baja extracción social que se sentían cohibidas por sus vestimentas a asistir
a las misas ordinarias.
Cuando el Rosario de prima decae a fines del XVIII y sobre
todo en la primera mitad del XIX, es el de la Aurora el que cobra exclusivo
protagonismo y con él sus coplas, especialmente la de las campanitas o
campanilleros. Aguilar hubo de conocer las primeras que se documentan, que más
bien eran saetas, estrofas de cuatro versos cortos, que invitaban al Rosario
mientras los "avisadores" o "muñidores"tocaban las campanillas a lo largo del
recorrido previsto por el Rosario. Ya en Córdoba y probablemente a fines de
siglo conocería las que serían clásicas y a las que después me referiré.
Todo parece indicar que este es el panorama que se vive
también en Córdoba durante la estancia allí de Aguilar. El Rosario por
excelencia es ya el de la Aurora, que sale los festivos por las calles, pero que
sin duda por dificultades derivadas de esta crisis, tanto económicas como de
pocos cofrades asiduos, ha de integrarse en la Cofradía y, por tanto, bajo la
directa acción pastoral de la Orden de Predicadores. Desde entonces el Rosario
de la aurora pasa a formar parte del instituto cofrade a todos los efectos
saliendo todos los domingos, las fiestas principales de la Virgen e incluso días
laborables que se celebrase algún Misterio importante de la Redención. En el
cortejo debía figurar la imagen de la Virgen del Rosario en andas, acompañadas
de faroles. Esta presencia de la imagen no es propia de los Rosarios, al menos
respecto a los que salen de madrugada y quizá fuese una medida establecida tras
la incorporación a la Cofradía, cuyo instituto incluía las procesiones mensales
con procesión de la imagen en unas andas por el claustro de la iglesia, lo que
se corrobora en un informe del prior Leiba en que se menciona otras prácticas
habituales, aunque no regladas como la salida semanal para "cantar avemarías"
por las calles o el rezo comunitario en la tarde de los domingos en la capilla.
(Martínez de Sánchez , 2001: 8)

2. Las Coplas de la Aurora. "Versos para recordar al Rosario
de la Aurora" de Cristóbal de Aguilar
Las Coplas de la Aurora o del Rosario de la Aurora son una de
las expresiones fundamentales del Rosario público. Suponen mucho más que una
determinada estética. Derivan de propia idiosincrasia del marianismo sevillano
barroco, que brotó con fuerza en torno a la Inmaculada Concepción en 1613,
cuando el pueblo se lanzó a la calle en defensa de este privilegio de María
cantando coplas alusivas, que incluso los niños aprendían en las escuelas. La
Inmaculada se convirtió en un signo de identidad para Sevilla, pero en general
para España y sus colonias con el apoyo entusiasta de los reyes. Lo mismo
ocurriría con el Rosario.
El Rosario en su expresión procesional pública enlazó con
esta tradición inmaculista, uniéndose desde entonces ambas devociones de manera
singular , ya que el Rosario va a otorgar a la Inmaculada una dimensión
dinámica, popular y espontánea que mantenía el primitivo fervor. Por esa razón,
las coplas de los Rosarios públicos fueron al principio netamente inmaculistas,
al igual que sus pendones con el significativo nombre de Simpecados.
Pero la Copla de Aurora es, sobre todo, una catequesis sobre
las verdades fundamentales de la fe contenidas en los Misterios del Rosario y al
mismo tiempo toda una reflexión teológica sencilla y asequible sobre la vida
humana y sus valores, sobre la conducta, sobre la muerte y la eternidad.
Las coplas de los Rosarios de la Aurora se remontan a los
años finales del siglo XVII, adquiriendo sus características más genuinas
durante el siglo XVIII y hasta el primer tercio del XX, con las denominadas de
campanillas o campanilleros. Los rosarios contaban con un cantor que entonaba
las coplas ("entonador"), al que acompañaban, amén de los devotos, un coro
infantil para las avemarías y diversos instrumentos: violines, oboes, bajón…
Estos instrumentos ya se constatan en 1691 en medio de cierta controversia, pues
algunos concebían su inclusión como irreverencia. El padre dominico Antonio de
Cáceres, en un célebre sermón, se hace eco de estas críticas a los instrumentos,
saliendo en defensa de ellos, afirmando que a algunos les mueve más a devoción
el Rosario con los instrumentos "para que salgan con más dulzura las voces" y
que en todo caso cualquier forma de rezar el Rosario es válida y agradable a
Dios y, por tanto, todas ellas ganan las indulgencias concedidas (Cáceres, 1691)
Las primeras coplas suelen ser de estrofas breves y muy
sencillas y derivan de las saetas que los predicadores entonaban en las
Misiones. De hecho, por ejemplo, en Pedrera (Sevilla) se mantenía en la Novena
de Ánimas la expresión de "Saetas del Rosario":
"Afligidos en la cárcel/ de la Divina Clemencia/ se hallan
todos aquellos/ que esperan las indulgencias"
"Vuestros padres angustiados/ claman desde el Purgatorio:/
hijos de mi corazón,/ ¿no me váis a dar socorro?
En la primera mitad del XVIII se documenta ya la estrofa de
siete versos con rima asonante, todos endecasílabos menos el quinto
manifiestamente más corto, de cinco sílabas, que se repite.
Hay que distinguir entre las coplas propiamente del Rosario,
que glosaban los Misterios o se referían a alguna festividad especial y "las
campanillas" que, como su propio nombre indica, eran tocadas por los
"avisadores" o "muñidores" para convocar al vecindario al Santo Rosario y
solicitar limosnas. Fueron, sin duda, las más populares y de mayor repertorio
musical.
En impreso sin fecha, pero que cabe datar (por el impresor)
en la tercera década del XVIII, figura José Gómez Quintanilla, vecino de Écija
(Sevilla) como compositor de unas coplas "que cantan los muñidores del Venerable
Orden Tercero de N.P. Santo Domingo de Guzmán de la ciudad de Écija, para llamar
los hermanos a rezar el Rosario de la Aurora por las madrugadas..." , y de la
que ofrezco más adelante una. El profesor Peláez del Rosal (2004: 399- 406),
siguiendo los estudios de Cruz Casado, remonta su origen a unas endechas del
montillano Enríquez de Arana, fallecido en 1735.
De estas coplas de campanillas derivan los muy numerosos
Coros de Campanilleros que se crearon en todas las provincias andaluzas y que
siguen muchos vigentes, sobre todo en Córdoba, siendo Priego su localidad más
emblemática y que conserva mayor repertorio de coplas ( Peláez, 1978). En
Sevilla y su provincia hay un espectacular número en la segunda mitad del XIX y
posteriormente, tras una crisis finisecular, en los años 20 del pasado siglo,
como una especie de "moda" en la que incluso había importantes concursos entre
estas agrupaciones. En el XIX algunos de estos coros se erigen en sociedades
filarmónicas como en Gilena(Sevilla) que permanecen activas hasta el primer
tercio del siglo XX.
Al decrecer progresivamente la cotidianidad de los Rosarios
en la primera mitad del XIX y las procesiones de Prima, los cortejos de la
Aurora adquieren un notable auge los domingos y festivos y connotaciones
diferentes y propias que se manifiestan en una musicalidad más festiva
protagonizada por las campanillas, introduciéndose posteriormente nuevos
instrumentos: guitarras, bandurrias, xilófonos, cajas… y en muchos cortejos se
sustituyen los anteriores elementos musicales y son las propios "campanilleros"
quienes acompañan el Rosario junto al coro de devotas (Castilleja, Gilena…)
Cuando Aguilar compone sus coplas (Cristóbal de Aguilar,
1990: tomo 2, págs 317- 321) , utiliza ya la estrofa de siete versos que se
haría enormemente popular en España en el XIX y que permanece en la actualidad.
Como se ha indicado por la fecha, debió conocerlas ya en Sevilla e incluso
cantarlas, por lo que no me cabe duda de que las conservaba muy vivas en su
memoria y hubieron de influir decisivamente en la congregación del Rosario de la
Aurora de Córdoba y en sus propias composiciones. Pero igualmente cabe afirmar
que, documentalmente, las suyas son de las primeras Coplas de este tipo
conocidas hasta el momento, lo que coloca claramente a este autor y a Córdoba
como encrucijada clave en la conformación de las de la Aurora.. No se conoce la
fecha en que fueron compuestas ni si el título genérico "Versos para recordar al
Rosario de la Aurora" fue coetáneo o posterior a las coplas, aunque cabe
inclinarse por lo segundo, ya que parece expresar una sentida nostalgia por una
devoción que se hallaba en decadencia. Es decir, probablemente Aguilar
compusiera las coplas antes de 1790, en que se integra la congregación de la
aurora en la Cofradía del Rosario y el título en sus últimos años de vida, es
decir, la segunda década del XIX, donde ciertamente hay una crisis generalizada
de la religiosidad popular. Es necesario, pues, un estudio más exhaustivo para
determinar el origen y difusión de estas composiciones
La temática de las letras es muy similar a las de la
península. Por esa razón, a la hora de glosar las de Aguilar voy a utilizar el
esquema base y la tipología de las que he tenido oportunidad de estudiar en
Andalucía. Igualmente voy a presentar junto a las coplas más significativas de
Aguilar otras correspondientes a la provincia de Sevilla, para que se observen
las semejanzas. Salvo el caso de las de Écija, las recopilaciones más antiguas
de coplas que se conservan son de fines del XIX o primeras décadas del XX y no
resulta fácil concretar la época en que fueron compuestas, pues aunque datan del
XVIII, a lo largo del XIX y en torno a 1920 fueron reformadas o incluso se
crearon nuevas.
a) Coplas de Invitación al Rosario. La campanita, esquila
o Campanilleros
"Las Campanitas" , "Los Campanilleros" o "Muñidores"
(expresión que se observa más en el XVIII y relacionada con las cofradías
dominicas, como Benacazón o la ya conocida de Écija) marchaban con antelación
por las calles que debía recorrer el Rosario haciendo sonar los instrumentos,
posteriormente quizá entonando saetas o jaculatorias y finalmente cantando
coplas. En algunos casos se contrataba un clarinero. La finalidad era anunciar a
los vecinos el comienzo del Rosario y animarlos a participar .
Así los describen las coplas del Coro de Campanilleros de
la Virgen de la Soledad, de Castilleja de la Cuesta (Sevilla):
En tu puerta están la campanilla,
levanta cristiano si la quieres ver
porque dicen que viene la Aurora
repartiendo rosas al amanecer.
Vamos a coger
a la rosa más grande y hermosa
que sembró María contra Lucifer
(Letra proporcionada por Salvador Naranjo García- Pola)
Cristóbal de Aguilar compone sobre los campanilleros las
siguientes coplas:
El sonido de estas campanillas
para el fiel devoto es despertador
que, acordándole viene la aurora,
le exhorta a que alabe a la Madre de Dios
Y el fino en su amor
por servir a su Reina y Señora
se levanta alegre a su devoción.
La campana ya te está avisando
¡oh pueblo devoto!, vengas a alabar
en su Santo Rosario a María,
y en ella a su Hijo, Suprema Deidad¡
Oh feliz ciudad,
que, aunque Córdoba tienes por nombre,
ciudad Mariana te debes llamar!
Aguilar, además, rinde un merecido homenaje a los
campanilleros, en una copla que figura en el apéndice de estas Poesías y que se
titula "Para dispertar a los cantores y cantoras del Rosario de la aurora"
Vuestras voces alegran la tierra,
al cielo dan gozo y al infierno horror,
cuando unidos en coro cantáis
del Arcángel santo la salutación.
¿Qué empleo mayor
que ocuparte en lo que al cielo agrada
y al demonio llena de rabia y furor?
Estos Campanilleros, en sus coplas, previenen de los riesgos
que podía conllevar no acudir al Rosario, sobre todo el de la condenación eterna
del alma, introduciéndose aquí al diablo que con sutiles mañas insta al devoto a
que permanezca en su casa:
Son bien expresivas las antiguas de los campanilleros de El
Viso del Alcor (Sevilla) (Misterios del Rosario: 1920)
El demonio te dice al oído:
deja hoy el Rosario, que mañana irás.
No te engañes, levántate aprisa
que acaso mañana la muerte vendrá
Feliz vivirás
Si el Rosario no dejas un día
la Virgen María tu amparo será.
"Hay algunos que en una comedia
pasan media noche, perdiendo el dormir
y al Rosario de esta gran Señor
tienen tal pereza y no quieren ir.
¡Cuánto han de sufrir!
Que en llegando aquel último instante
¿a qué comediante podrán acudir?
Aguilar previene también contra la pereza, ardid del demonio,
utilizando un lenguaje muy directo y coloquial, e introduce la figura del ángel
de la guarda, custodia fiel de la conciencia cristiana. La primera toca también
el tema del carnaval.:
Mientras otros están desvelados
por ir al paseo este carnaval,
tú te debes, por ir al Rosario,
con mejor motivo también desvelar.
Y así lograrás,
por el sueño que pierdas ahora,
siglos de descanso en la eternidad.
Si me oyes, hermano querido,
y te desentiendes por tu flojedad,
ten por cierto te engaña el demonio
que impedirte quiere tu felicidad.
Déjalo ladrar
y decile: "Voy, perro, al Rosario,
para con sus cuentas hacerte temblar.
La pereza te dirá al oído:
"Ea, duerme, duerme, déjalos cantar,
que si ellos no tuvieron sueño
tú, que ahora lo tienes, lo debes lograr",
pero escucharás
que tu ángel de guarda, al contrario,
te dice: "Alma mía, levanta a rezar"
Pero las Coplas de Campanilleros no sólo contemplan el
apremio negativo, avisando de las tristes consecuencias de la pereza, sino que
animan al devoto y al transeúnte a que se una al Rosario por su propio
beneficio:
Deja a un lado los cuidados del mundo
por un breve rato, y ven a gozar
las delicias del cielo en la tierra
que el Ave María te franqueará.
Después lograrás
tu trabajo, y verás que María
el ciento por uno aún aquí te da
Ea, hermano, vamos a la gloria
a ver a María, que aguardando está:
No le hagamos desaire, que ya es tarde,
y el Santo Rosario se va a comenzar.
Vamos a alabar
a Jesús en su madre María,
a hacer que el infierno empiece a temblar
En este apartado de los Campanilleros, Aguilar introduce unas
coplas catequéticas ciertamente novedosas respecto a las conocidas en Andalucía.
Se refieren a las personas devotas que por justos impedimentos no pueden moverse
de su domicilio y el autor les insta, a través de los campanilleros, a que sigan
el rezo del Rosario desde sus lechos, pues lo importante es la oración:
Si no puedes venir al Rosario,
rézalo siquiera donde estás:
acompaña nuestras oraciones,
y las mismas gracias participarás.
Así lograrás
hacer corte a la Reina del Cielo,
que es madre amorosa, rica y liberal.
Las Campanitas encierran asimismo unas reflexiones sobre el
Rosario:
El Rosario es el medio admirable
que inventó María para que lograr
pueda el hombre el tiempo de la vida
y encuentre en la muerte
en quien esperar.
No puede faltar
su palabra, y María promete
que en vida y en muerte nos ha de ayudar.
O la idoneidad de la aurora, como mejor hora para esta
devoción con una evocadora belleza literaria:
El lucero con sus resplandores
anuncia que el alba no tarda en llegar,
desterrando tinieblas oscuras
y llenando al mundo de felicidad:
Venid a admirar
la presteza con que huyen las sombras,
cediendo su imperio a la claridad.
Son muy interesantes las composiciones alegóricas de las
cincuenta rosas del Rosario y las referencias a la Orden de Predicadores. Quizás
una copla muy representativa del Rosario y los santos dominicos es esta de José
Gómez Quintanilla que cantaban los muñidores de la Orden Tercera de Santo
Domingo en Écija (Inventarium, 1985: 560-569):
Ya Domingo promete azucenas,
jazmines y lirios promete Tomás,
Catalina promete las rosas,
señor San Pío Quinto las gracias les da.
Qué gusto será
el mirar al señor San Vicente,
ponerla en tu frente, Reyna Celestial
Cristóbal de Aguilar escribe una bella composición con la
alegoría floral y la Orden Dominica:
Ven, hermano, a Santo Domingo,
verás en su iglesia un hermoso rosal,
cuyas rosas coronan las sienes
de María Madre, reina celestial.
Vámonos allá,
a coger de estas rosas cincuenta,
que son las que forman guirnalda cabal.
Decíamos antes que el Rosario y su cortejo es la viva imagen
de la propia Virgen que acude al encuentro de sus devotos. Así lo expresa
Aguilar con gran exactitud:
Mira, hermano, que, aunque te recuerdo,
no soy yo el que amante te viene a llamar;
es la Reina del cielo y la tierra
que te dice: "Hijo, venidme a alabar"
No puedes dudar
que procedes ingrato y grosero
si no la obedeces con puntualidad.
Los Campanilleros cantaban también coplas alusivas a la
belleza y pureza de la Virgen, a sus excelsas cualidades y en sus principales
festividades. Así lo expresa esta magnífica copla de Aguilar de la Frontera
(Córdoba) que me ha cedido el investigador José Galisteo Martínez:
De tus dones no hay mujer ninguna
fuiste hija, madre, esposa de Dios
a tus plantas se postra la luna
te vistes de estrellas, te corona el sol
Digo y es verdad (bis)
que las piedras se vuelven brillantes
por donde la Aurora tenga que pasar.
Cristóbal de Aguilar dedica varias coplas a las principales
festividades de la Virgen o de Cristo y que entonarían los campanilleros:
Vamos, vamos, hermano, al Rosario
que viene la aurora y las cuatro son,
ven siquiera por ser hoy el día
en que subió al cielo la Madre de Dios:
Ésta es ocasión
para unir nuestros ruegos a aquellos
que alegres festejan su santa Asunción.
Ten presente, cristiano que te hallas
entregado al sueño, que ya las tres son,
y que hoy solemniza la Iglesia
el dulce misterio de la Concepción:
En esta atención,
ven devoto a alabar a María,
Concebida en gracia y Madre de Dios.
Basta, hermano, de sueño, que Cristo
ha resucitado al amanecer
y debemos, si somos amantes,
a María Madre darle el parabién.
no tardemos, pues:
vamos juntos a Santo Domingo,
que allí la hallaremos, llena de placer.
Finalmente, las coplas reflejan la crisis de los Rosarios,
faltos de congregantes, y se urge al devoto a dar razón de su fe con obras, que
demuestre su amor por la Virgen no con palabras, sino dando testimonio rezando
el Rosario. Así lo escribe Aguilar:
Si al que ama nada le es difícil
por el dulce objeto de su estimación,
¿cómo amando a María de veras
te muestras tan tibio en su devoción?
Mira que el amor
que en las obras no se manifiesta
es amor bastardo, es pura ilusión
- Coplas de Misterios
Desde finales del XVII se documentan ya coplas propias para
cada Misterio, con breves estrofas y alto contenido teológico. Son estrofas de
cuatro versos breves, como por ejemplo estas de Vázquez Tinoco sobre los
Misterios Gloriosos:
MISTERIOS GLORIOSOS
Ya le ves Resucitado, /y a Ti de gozos llenar/a tu Hijo muy
amado,/ que viste crucificar.
A el Cielo le ves subir/a tu Hijo, acompañado/y que al
Eterno vivir/ lleva lo rescatado.
A el Colegio Sagrado,/ tu Oración hace baxar/ el Espíritu a
inflamar/ al hombre restaurado.
Al Cielo, subes, Señora,/ como Sol, a lo encumbrado,/
alúmbranos ahora/ en contra del pecado.
En el Cielo te corona/ tu Dios muy amado,/ para que a tu
Reinado/ favorezcas ahora. (Romero Mensaque, 2004: 87- 89)
Al principio estas coplas son entonadas por cantores o "entonadores"acompañados
de violines o bajones y el apoyo de los coros de devotos entonando los
estribillos y avemarías. En la segunda mitad del XIX, al reestructurarse el
Rosario público con las procesiones de la Aurora y el predominio femenino en
estos, son las mujeres quienes entonan estas coplas, creándose modelos muy
populares como los que reproducimos y que aún siguen vigentes en localidades
andaluzas como El Viso del Alcor (Sevilla), cantados por el coro de Raquel
Jiménez Rico con tres distintas tonadas.
PRIMER MISTERIO GOZOSO
Enviado por Dios desde el cielo,/desciende a la Virgen el
Ángel Gabriel /,a anunciarle que madre sería /del Dios de sus Padres, del Dios
de Israel;/ y al ella acceder/ en sus puras y augustas entrañas/ el verbo del
Padre vistió humano ser.
PRIMER MISTERIO DOLOROSO
Jesucristo, triste y abatido/ se dirige al Huerto de
Getsemaní;/ y pensando en mis ingratitudes,/llora y suda sangre de tanto
sufrir./¡Apartad de mí!/este cáliz, suplica a su Padre,/ mas si tú lo quieres,
yo quiero morir.
PRIMER MISTERIO GLORIOSO
Jesucristo, triunfante y glorioso/ del sepulcro sale
vestido de sol,/ y sus guardias rodaron por tierra,/ rindiéndole el culto de
la adoración./¡Porque padeció!/ lo circunda la gloria del Padre/ pues la
gloria es premio de la humillación. (Misterios del Rosario, 1920)
No parece que Aguilar haya escrito ninguna de estas coplas,
pero es seguro que hubieron de existir y ser importantes, como se manifiesta
al terminar las primeras con varias dedicadas a los cantores y "cantoras" del
Rosario.
- Coplas de Ánimas
Las Coplas de Ánimas, la mayoría concebidas para cantarlas
por las calles en noviembre durante el Rosario de la Aurora, son vivos y
expresivos exponentes de una religiosidad popular, que es vivencia trascendente
e inmanente de una actitud ante la vida y la muerte y recuerdo emotivo de los
difuntos, que, gracias al Rosario, se hacen de alguna manera presente en una
dimensión viva y espiritual con los vivos. Las coplas de Ánimas son
composiciones sencillas, con la métrica tradicional de siete versos, siendo el
quinto más corto (aunque hay coplas de otras métricas irregulares), y que evocan
la triste suerte de las ánimas que piden oraciones y limosnas para ayudarlas a
purificarse de sus pecados allá en el Purgatorio, ofreciendo misas y la oración
en su sufragio. Algunas están en tercera persona, pero muchas otorgan la palabra
a las propias ánimas que, en primera persona, se dirigen lastimosamente a los
vecinos para solicitar su sufragio y también para advertirles de la fragilidad
humana ante la muerte y del riesgo de condenación eterna si no procuran ya de
vivos salvar su alma de las acechanzas del pecado. Especialmente emotivas son
las que se dirigen a los familiares de los difuntos. Estos Rosarios de Ánimas y
sus coplas eran organizados fundamentalmente por hermandades y congregaciones
rosarianas o de ánimas.
Este segundo caso es el de los Campanilleros de Ánimas de
Mairena del Alcor, una de cuyas coplas dice así:
El sonido de las campanillas
y nuestros clamores testigos serán
de que hacéis por las benditas almas
todo cuanto ellas puedan desear.
Y el Señor dirá,
Padre mío por estos devotos
ya nos vemos libres de tanto penar
( Letra facilitada por Eusebio Pérez Puerto)
o esta otra del vecino pueblo de El Viso:
Una madre le grita a su hija
desde el purgatorio sin poder salir:
Hija mía, qué grandes dolores
pasé en este día cuidando de ti;
y ahora ¡ay de mí!
no te acuerdas de tu triste madre,
ni un ave maría has dicho por mí.
(Romero Mensaque, 2003, El Viso del Alcor)
Aguilar tiene varias composiciones dedicadas a las ánimas
benditas y a la virtud que tiene el Rosario, por sus indulgencias, para rescatar
almas del Purgatorio:
Tus parientes, amigos y deudos
que en el Purgatorio padeciendo están,
suspirando, piden el alivio
que con el Rosario les puedes enviar.
¡Oh qué crueldad,
dejar que ardan los que el ser te dieron
y los que te amaron con fina amistad!
Con la vara que ahora midieres
después de tus días te verás medir:
¿cuánto dieras por tener amigos
gratos para cuando hayas de morir?
Has de conseguir
esto ahora con las indulgencias
que enviarles puedes, si quieres venir.

BIBLIOGRAFÍA
- AGUILAR, Cristóbal de, obras, Biblioteca de Autores
Españoles, tomos 299 y 300, estudio preliminar de Antonio Serrano Redonnet y
Daisy Ripodas Ardanaz y edición de Antonio Serrano Redonnet , Madrid 1990
- Ave María. Copia de una carta que de Sevilla a Barcelona
al Coronel Don Antonio García Paredes...escribió el P. Presentado Fr Pedro
Vázquez Tinoco, impreso sin fecha.
- CÁCERES, Antonio, de, O.P., Oración a las rogativas que
por la sucesión deseada de nuestros… Monarcas hizo la Ilustre Parroquia del
Sagrario…El Sermón tuvo lugar el 29 de abril de 1691. Impreso de la
Biblioteca Universitaria de Sevilla 112/123.
- Coplas que cantan los muñidores del Venerable Orden
Tercero de N.P. Santo Domingo de Guzmán de la ciudad de Écija, para llamar los
hermanos a rezar el Rosario de la Aurora por las madrugadas. Compuestas por José
Gómez Quintanilla, impresas por sucesores de Tomás López de Haro, Sevilla,
sin año.
- INVENTARIUM, Revista del Convento de Santo Domingo
de Málaga, número 1, 1985. Gran impulsor de esta revista fue el padre Fernando
Aporta, O.P. (q.s.g.h.)
- MARTÍNEZ DE SÁNCHEZ, Ana María, "Cofradía de Nuestra Señora
del Rosario de españoles en Córdoba del Tucumán", en XI Congreso Nacional y
Regional de Historia Argentina, Academia Nacional de la Historia, Buenos
Aires, 2001
Misterios del Rosario y cantos de aurora en alabanza y honor
de la Santísima Virgen del Rosario y recuerdo de la bendición e inauguración de
su capilla, El Viso del Alcor, 1920
- PELÁEZ DEL ROSAL, Manuel y JIMÉNEZ PEDRAJAS, Rafael,
Cancionero popular del Rosario de la Aurora. Apuntes para una historia mariana
de Andalucía, Priego, 1978.
- PELÁEZ DEL ROSAL, Manuel, "Algunos aspectos formales de los rosarios
públicos en Andalucía: el caso de Priego de Córdoba en el siglo XVIII" en PAZ
CASTAÑO, H. y ROMERO MENSAQUE, C., Congreso Internacional del Rosario. Actas.,
Sevilla, Fiestas Mayores, 2004, págs 399- 406.
- ROMERO MENSAQUE, Carlos J., La devoción a la Virgen
María en El Viso del Alcor. Las antiguas coplas del Rosario de la Aurora, El
Viso, 2003.
- ROMERO MENSAQUE, Carlos J., El Rosario en Sevilla:
devoción, rosarios públicos y hermandades, Sevilla, Fiestas Mayores, 2004.
(Publicado en Segundas Jornadas de Historia de la Orden Dominicana en la
Argentina. Actas, Tucumán, Universidad Santo Tomás de Aquino, 2006, págs
317- 334.)