Una auténtica joya ha regalado a El Viso la Hermandad de
Nuestra Señora de la Piedad: la reedición de las Coplas del Rosario de la
Aurora, un pequeño librito que fue publicado en 1920 en ocasión de la bendición
de la Capilla del Rosario, cuando esta devoción gozaba en nuestro pueblo de una
gran revitalización con la salida del Rosario público por las cales y plazas
entonando delicadas melodías, que todavía perviven en la tradición oral.
Los orígenes del Rosario en nuestra provincia hay que
vincularlos en principio a los conventos de la Orden de Predicadores (dominicos)
donde desde 1479 se instituyen las denominadas Cofradías del Rosario,
corporaciones dependientes de la Orden dedicadas al ejercicio de esta oración y
culto a la Virgen. Lo que no cabe duda es que fueron los dominicos sus
principales impulsores, especialmente ya en la segunda mitad del siglo XV Alano
de la Roche, a quien se atribuye la difusión definitiva de este rezo y la
iniciativa de las Cofradías del Rosario.
No obstante, la difusión de la devoción avemariana no
adquirirá un carácter general hasta la segunda mitad del siglo XVI,
especialmente a raíz de la Batalla Naval de Lepanto (1571) en que la gran
victoria de la Armada cristiana sobre el Turco fue, al parecer, atribuida a la
milagrosa intervención de la Virgen del Rosario y a la coincidencia de que el
mismo día la Cofradía establecida en Roma había salido en procesión por las
calles alabando a la Virgen. El hecho fue que en 1573 el Papa Gregorio XIII
expidió un Breve estableciendo el primer domingo de octubre como festividad de
la Virgen del Rosario
El Rosario adquiere su gran auge en Sevilla gracias a la
personalidad carismática de fray Pedro de Santa María de Ulloa,dominico, llamado
"el apóstol del Rosario" que desde su convento de San Pablo y durante tres años
(1688-1690) provocó una auténtica catarsis colectiva en torno al rezo del Santo
Rosario, al que convirtió en signo de identidad mariana para toda la ciudad. A
su influjo surgieron los Rosarios públicos, cortejos que, precedidos por una
cruz y alumbrados por faroles de mano y asta congregaban a gran número de
devotos rezando los Misterios del Rosario cantando sus Ofrecimientos, amén de
diversas coplas… y todo ello presidido por el Simpecado con la imagen mariana de
su localidad o barrio. Estos Rosarios eran bien ordinarios, diarios, a prima
noche o madrugada o extraordinarios en ocasión de la festividad de la Virgen
titular ("Gala"), Ánimas del Purgatorio o algún suceso importante y eran
organizados espontáneamente por los vecinos o por las parroquias, conventos o
hermandades.
Aunque en un principio, sus integrantes eran sólo varones,
pronto las mujeres cobraron un papel relevante con la creación de Rosarios
femeninos desde 1730 y su devoción e iniciativa fue fundamental en los siglos
XIX y XX al acaecer diversas crisis en esta tradición con sucesivas Misiones
promovidas por frailes de diversas órdenes.

LOS ROSARIOS PÚBLICOS
Tradicionalmente se afirma que el primer Rosario público
instituido como tal fue el de los cofrades de la Hermandad de Nuestra Señora de
la Alegría de la parroquia de San Bartolomé de la ciudad de Sevilla el 17 de
junio de 1690. Fue el comienzo de toda una explosión rosariana que se multiplicó
por las diversas parroquias, iglesias, conventos y hermandades en un cortísimo
lapso de tiempo y que pronto obligó a una mínima organización por parte de los
propios devotos y el clero secular y regular de las respectivas sedes. Pero la
iniciativa pronto rebasó la órbita de las parroquias y conventos, erigiéndose
por los propios vecinos de collaciones y arrabales modestos retablos en los que
entronizaron pequeñas imágenes de la Virgen, bien pintada en un lienzo, bien de
talla. Esta precaria sede constituía el punto de encuentro para iniciar las
estaciones de un Rosario modesto, erigido por los propios vecinos y mantenido
por las limosnas de los feligreses. Estos rosarios extratemplarios significan la
vertiente más fidedigna de la religiosidad popular rosariana.

EL ROSARIO EN EL VISO
Diversa documentación nos confirma la existencia de devoción
e imagen de Nuestra Señora del Rosario en la parroquia ya en el siglo XVI,
gozando de gran devoción e importantes patrocinios en el XVII, con altar donde
hoy se venera la imagen de San Judas. Muy probablemente se hallaba erigida una
Cofradía dependiente de la Orden de Predicadores, fundada por estos frailes o
delegados, quizá los del vecino convento de Santa Ana en Carmona, fundado a
principios del XVI y que ya en 1522 contaba con una cofradía. Sin duda, con
motivo del fenómeno de los Rosarios públicos a fines de esta centuria, se
incrementó su culto. Consta en 1694 una dotación económica para la celebración
de una misa cantada a la Virgen. Esta talla primitiva era sedente.
Lamentablemente no se conserva fotografía alguna.
Por testimonios orales se constata que en los primeros años
del siglo XX existía todavía una corporación de mujeres de la Virgen del
Rosario, aunque ignoro si era continuación de la primera. Como ya es conocido,
en estos años hay una revitalización devocional, con salidas frecuentes de los
Rosarios de la Aurora mixtos, que contaban con un repertorio muy interesante de
coplas. Estos cortejos salían a primera hora de la mañana durante la Novena a la
Virgen desde la parroquia, donde por la tarde había tenido efecto los cultos.
También era muy fervoroso el Rosario que se rezaba en la parroquia todas las
tardes ante el altar de la Virgen, incluso con turnos de 24 horas.
Lo cierto es que, en ocasión al parecer de una presunta
aparición de la Virgen a un panadero de la calle Capita apodado "El Lati", el
párroco Primitivo Tarancón, decide erigir una capilla en la denominada "casa de
los pájaros",cercana a donde tuvo lugar este prodigio, que se inaugura en 1920 y
se convierte en sede de una congregación rosariana, la ya referida u otra que se
creara, dedicada al ejercicio de los Rosarios de Aurora durante el mes de
octubre, adquiriéndose una imagen nueva, a la que se dedicaba también una
solemne Novena en dicho mes. En 1936 desaparecen tanto la imagen de la parroquia
como la de la capilla y con ellas las dos congregaciones, aunque no la devoción
que permanece latente. De hecho, todavía se cantan algunas coplas en la
parroquia, con una melodía característica, con ligeros matices según se trate de
misterios de alegría, gloria o dolor.
En 1940 un grupo de cofrades visueños aunados por Cándido
Borrego deciden fundar una cofradía de penitencia en torno a la devoción de la
Virgen y en su capilla, la cual restauran al año siguiente, realizando su
primera estación de penitencia en la tarde del Jueves Santo. Actualmente la
hermandad continua con sus cultos y actividades y cuenta con un número
importante de hermanos. La bella imagen de la Virgen es obra de Manuel Pineda
Calderón.
Testimonios orales han permitido devolver la memoria de una
antigua tradición rosariana: la de las Campanitas que tenían lugar en el mes de
octubre y perduró hasta la década de los 40 del siglo y de la que ya nos dio
cumplida información José María López en esta misma revista.

EL ROSARIO DE LA AURORA Y SUS COPLAS
El Rosario de madrugada o de la aurora constituye una de las
dos modalidades ordinarias de las procesiones del Rosario público, junto a la de
Prima Noche (atardecer). Poco a poco, este Rosario de madrugada fue consolidando
su práctica y a lo largo del siglo XVIII la mayoría de las congregaciones y
hermandades rosarianas solían organizar a diario la procesión de prima y ésta ,
o, al menos, tenían instituida la de madrugada para los días festivos.
El siglo XX en sus primeras décadas asiste a una reactivación
muy importante de los Rosarios de aurora, manteniendo e incrementando la
dinámica de la centuria posterior. Tras la crisis de la II República y Guerra
Civil, la Posguerra y sus repercusiones socio-económicas crearon un caldo de
cultivo muy favorable para las Misiones y dentro de ellas, a la devoción pública
y callejera del Rosario. En esta época se concitan en Sevilla y su provincia
excepcionales misioneros rosarianos, que fomentan grandemente la devoción
pública de la aurora.
Las coplas que ahora se han reeditatado corresponden al
amplio repertorio que la congregación del Rosario cantaba en las madrugadas y,
posteriormente, a temprana hora de la mañana, de manera especial durante el mes
de octubre desde la capilla del Rosario. Era una devoción primordialmente
femenina, pero en la que los hombres tenían una importante participación, ya que
eran ellos quienes integraban el coro de campanilleros que interpretaba los
cantos.
El libro recoge, en primer lugar, una copla representativa
por cada uno de los quince misterios para, a continuación, exponer un amplio
repertorio de 56 coplas de muy diversa temática: tiempos litúrgicos o fiestas
como la Inmaculada, Navidad, Cuaresma y Pascua, catequesis sobre la penitencia y
la eucaristía, alabanzas a la Virgen, otras dedicadas a las ánimas del
purgatorio y, finalmente, las que invitan a los vecinos a participar en el
Rosario.
Las letras son sencillas en las formas, pero no exentas de
belleza como las que alaban a la Virgen como Aurora de Dios o la Inmaculada.
Otras resultan sentimentales en exceso como las dedicadas a las ánimas. Las
dedicadas al pecado y no asistencia al Rosario tienen un matiz crítico y
amenazador, propio de la época. Todas tienen un fondo teológico y catequético
importante, ya que en las breves estrofas compendian artículos doctrinales de
hondo calado. Esto nos descubre la mano del eclesiástico: sacerdote secular, o
más probablemente, regular, aunque era común también que las compusiesen
seglares con un cierto conocimiento musical. La composición de los versos, a fin
de adaptarlos a la melodía, sobre todo el corto, es muchas veces forzada.
A modo de muestra, paso a exponer algunas coplas
representativas:
Es-María el iris
del cielo,
La aurora en la
tierra del amanecer
La que trajo al
Cordero divino,
A aquel que
esperaba la grey de Israel.
Mucho agradeced,
A esta hermosa
paloma sin mancha
Porque trajo al
mundo al Supremo Bien.
. Al establo de
Belén lleguemos
Con júbilo grande
para celebrar
Unas nuevas que nos
dan alegres
De cómo el Mesías
ha nacido ya
Oh Maternidad
De María que ha
sido elegida
Por altos designios
de la Trinidad.
¡Oh cruz santa,
sagrado madero
que del dragón
fiero venciste el poder!
Escondida del mundo
estuviste,
Mas hallada presto,
para nuestro bien.
Del cristiano fiel
Blasón eres y dulce
consuelo
Que del triste
suelo endulzas la hiel.
¿Quién es esa que
al par de la aurora
en torno difunde
gloria y resplandor?
Es María, la Reina
y Señora
De todas las obras,
del Sumo Hacedor.
Podéis advertir
Cómo aplauden
dulcísimamente
Batiendo sus alas
avecillas mil.
Jesucristo perdona
a las almas
que al salir del
mundo en su gracia está,
y les abre las
puertas del cielo
para que a la
gloria vayan a gozar.
Hombres, meditad
De qué sirven las
pompas y galas
Siendo nuestra vida
un soplo y no más.
.- Hay algunos que
en una comedia
pasan media noche
perdiendo el dormir.
Y al Rosario de
esta gran Señora
Tienen tal pereza y
no quieren ir.
¡Cuánto han de
sufrir!
Que en llegando
aquel último instante
¿A qué comediante
podrán acudir?
A las Ánimas del Purgatorio
.- Piadosísima
Reina del Cielo,
Vuestra piedad
grande tenga compasión
De las almas que en
el purgatorio
Tristes y afligidas
están en prisión.
Pedidle al Señor
Que las saque de
aquellos tormentos
Y las lleve al
puerto de la salvación.
Esto es sólo una muestra de esta rica tradición rosariana de
El Viso y que recoge este valioso librito, que está a disposición de todos en la
Hermandad de la Piedad .
El Rosario marcaba la vida y la fe cotidiana del visueño y la
cita del rosario era ocasión propicia para el encuentro de familias y vecinos,
de poner en conocimiento las pequeñas y grandes noticias, la preparación de las
fiestas, las misiones...todo ello quedaba reflejado luego en las coplas.
¡Qué interesante sería recuperar, junto a las Coplas, sus
melodías, que todavía conserva la tradición oral, grabándolas en un disco
compacto para que El Viso no pierda nunca la memoria de algo que fue tan
consustancial a su alma grande!.