ntonio Perea Sánchez. El Hombre y el Artista.
Ha
fallecido recientemente en Sevilla Antonio Perea Sánchez, autor de la talla de
Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras. Una misa de "corpore
insepulto" en la capilla del Mayor Dolor, a los pies de "su"
Cristo, puso emocionado colofón a una vida larga y apasionante, llena de
creatividad artística y técnica, aunque marcada quizá en demasía por las
consecuencias derivadas de la represión política tras el fin de la Guerra
Civil.
En este
artículo queremos aportar algunos datos de interés sobre la vida y la obra de
este artista, poco conocido en los ámbitos cofrades a fin de ilustrar una
personalidad subyacente en aquel recluso que realizó en la cárcel la imagen de
Jesús Despojado. En este sentido hemos recabado los testimonios orales de
personas que le conocieron bien como su hijo José Perea Frías y el conocido
cofrade, número 1 de la Hermandad de Jesús
Despojado, Antonio Fernández
Rodríguez (autor de las fotografías que acompañan el artículo) .. Antonio
Perea fue una persona creativa, sensible, inquieto y crítico observador de la
realidad. Le dio muy poca importancia a la fama y al interés económico...
quizá por ello no siempre fue comprendido ni valorado. En este sentido era un
artista innato y autodidacta, fundamentalmente escultor, con ideas muy propias y
obsesionado por el máximo cuidado en la preparación técnica de todas sus
obras.
Antonio
Perea nació en Sevilla un 12 de junio de 1911 en pleno corazón de San Marcos.
Desde pequeño se observaba en él una clara vocación artística, pero debido a
la condición humilde de su familia, tuvo que empezar muy joven a buscar
trabajo, ingresando a los 16 años en la Fábrica de Artillería donde durante
cuatro estuvo cursando estudios teórico-prácticos para el desempeño de
diversos oficios de la institución, dándosele de alta a su término como
obrero delineante. Unos años después ganó por oposición una plaza de
electricista de segunda y luego otra de Delineante de 2ª. Denotaba una agudeza
poco común para el diseño industrial y podía haber hecho carrera en la
institución militar, pero la Guerra Civil truncó todas sus esperanzas.
El
barrio de San Marcos fue uno de los focos principales de resistencia a las
tropas de Queipo de Llano. Entre aquellas personas que se parapetaban en las
diversas barricadas que se construyeron había muchos amigos y conocidos de
Perea. Sin pensar mucho en las consecuencias, Antonio les llevaba allí
alimentos y víveres. Cuando los "nacionales" tomaron el barrio, la
represión fue fortísima. En este ambiente, la simpatía o amistad con personas
de marcada tendencia izquierdista, conllevaba un riesgo evidente de
ajusticiamiento sin excesivas formalidades jurídicas. Hubo quien lo denunció a
las autoridades y fue encarcelado, a pesar de que no se le conocía afiliación
política concreta. Tuvo suerte de no ser condenado a muerte como a otros que
fueron detenidos con él y ya en 8 de marzo de 1938 fue juzgado y condenado por
un Consejo de Guerra a la pena de 14 años, 8 meses y un día. El tenor decía
así: " [...] No parece que antes del Movimiento fuera de los
extremistas peligrosos, pero una vez establecido el mismo, auxilió a los
revoltosos de las barricadas que se levantaron en el barrio en que vivía,
llevándoles agua y permaneciendo rato con ellos, aunque no consta que usara
armas de fuego ni que compartiera con los revolucionarios su espíritu combativo
[...] " Tenía 26 años.
Una vez
ya en la Cárcel, acudió a visitarle su amigo
José Laborde González que por
entonces estaba organizando con otros jóvenes y vecinos del barrio, entre ellos
el propio Perea que fue hermano en esta primera etapa histórica, la
Hermandad
de Jesús Despojado y que en 1936 le había encargado una imagen de la Virgen de
los Dolores, que fuera réplica de una que recibía culto en San Marcos y fue
destruida en el incendio de esta iglesia. Aquella imagen se bendeciría el 12 de
diciembre de ese mismo año y fue el inicio de la Hermandad. Ahora venía a
visitarle, ya como Mayordomo, para un encargo de mayor envergadura: la imagen de
un Cristo en el momento del despojo de sus vestiduras, Misterio titular de la
nueva Hermandad que en junta de oficiales de 15 de febrero de 1938 acordó que
fuera él el escultor.
Gracias
a las gestiones de Laborde, que era oficial del ejército y miembro de Falange,
y otros conocidos, se le permitió a Perea realizar esta obra en la cárcel,
habilitándose un local al efecto. Poco a poco se fue ganando el reconocimiento
de funcionarios y autoridades, recibiendo muchos encargos, entre ellos una
Virgen de la Merced, o un Corazón de Jesús, aparte de bustos en bronce y
diversos dibujos. Así fue fraguando la idea de la imagen. Tomó como referencia
iconográfica la magnífica obra de El Greco "El Expolio". Él
afirmaba que le sirvió como modelo para el Cristo un compañero de prisión
condenado a muerte. Lo cierto es que fue una obra hecha a conciencia, que fijó
su canon estético, con rasgos evidentes de originalidad y dotada de un
dramatismo moderado, interior, propio de toda su obra: podría decirse que el
Cristo expresa la propia impotencia de su autor ante la situación en la que se
encontraba. La talla del Señor fue primitivamente de candelero, tallando el
escultor la cabeza, parte del tronco hasta la altura del pecho, brazos, manos,
piernas y pies. Se conserva el boceto de la imagen en casa de un hermano ,así
como el modelo en barro cocido de la cabeza, que obra en poder del propietario
de un conocido bar del barrio de San Gil. El Domingo de Ramos de 1939 fue
solemnemente bendecida la imagen por el Provisor de la diócesis, Jerónimo
Armario, tal como se reseña el mismo día en el diario ABC.
Aunque
estaba prevista la primera salida procesional para el año de 1940, diversas
circunstancias como la dificultad de conseguir las telas para las túnicas de
los nazarenos (el primitivo proyecto de los cofrades contemplaba los antifaces y
capas de color morado), no fue hasta el Domingo de Ramos de 1941 cuando se
efectuó la estación de penitencia a la Catedral. El Cristo iba acompañado en
el paso por unas figuras de sayones que ejecutó Sanjuán Navarro. Perea fue
requerido para dirigir la disposición del Misterio en las andas y acompañó la
procesión como nazareno en la presidencia del paso, según testimonio de su
hijo.
La
imagen del Señor fue muy elogiada por el mundo cofrade y creó en el barrio una
creciente devoción. La circunstancia de haber sido tallada por un recluso fue
muy comentada, generó un sentimiento especial entre los condenados . Era
"El Cristo de la Prisión" y de alguna manera creó un cierto
prejuicio en determinadas instancias sociales. Se llegó a decir que algunos
reclusos políticos ingresaron en la Hermandad, conmovidos por las
circunstancias ya apuntadas, pero esto no se ha podido verificar.
No
obstante, la vida de la Hermandad y el culto público a la imagen sufrió un
quebranto casi definitivo tras la sanción de la Autoridad Eclesiástica a la
cofradía por el mal comportamiento de un diputado de la cofradía, sorprendido
fuera de la procesión y denunciado en lo que la junta de gobierno calificó
entonces -no sin argumentos- (en el acta capitular de 12-4-1942 se describe
aquella incidencia) de un exceso de celo pastoral, por parte del canónigo
Sebastián y Bandarán. No cabe hablar de un especial mal comportamiento
generalizado entre los nazarenos, sino de la ejecución estricta y rigurosa de
las disposiciones del Cardenal Segura en un caso puntual. Tampoco cabe referirse
a unas medidas especialmente dirigidas hacia la Hermandad, pues fueron muchas
las juntas gestoras que se impusieron en aquel año por malos comportamientos en
las estaciones de penitencia. Pero en una hermandad nueva, todavía por
organizar, con una línea directiva muy personalista, aquella disposición
burocrática fue un golpe mortal. Perea nunca dejó de pensar, aunque sin
argumentos constatables documentalmente, que en lo ocurrido pudo pesar sus
propios antecedentes.
Desde
este momento la Hermandad y el artista siguen caminos diferentes. Perea, tras
pasar en 1939 al campo de concentración "Los Merinales" de Dos
Hermanas, ve reducida su pena y sale en libertad a mediados de los años 40 y
consigue una colocación en Hispano Aviación y, posteriormente, en la I.S.A.,
tras superar diversos exámenes eliminatorios, donde destacó sobremanera su
ingenio en la invención y mejoramiento técnico de diversos procesos y piezas
industriales. llegando a tener puestos de cierta responsabilidad, aunque, una
vez más, sus antecedentes penales le cerraron nuevas puertas.
Ya en
los años 60 se dedica casi exclusivamente a la realización artística, pero,
ante sus escasas influencias y la necesidad de mantener a su familia (estaba
casado y era padre de tres hijos), llevó a efecto encargos particulares en el
campo de la pintura, estatuaria monumental (fuente completa con figura en piedra
artificial para Aljaraque (Huelva)) e interesantes bustos en bronce.
En el
ámbito de la imaginería religiosa destaca sobremanera un Cristo Yacente, que
hoy recibe culto en Aracena como Titular de la Hermandad del Santo Entierro.
Perea tenía un especial interés en las imágenes de yacentes. Es una obra que
estudió hasta en los mínimos detalles técnicos. En el momento de su muerte
realizaba otro Cristo Yacente, muy expresivo, para el panteón familiar en el
cementerio de San Fernando.
Además
de la imagen de la primitiva imagen de la Virgen de los Dolores, obra de
juventud (que se conserva en la Hermandad sin culto, habiendo sido retocada por
Sanjuán Navarro (1941) y Buiza), hemos descubierto en su archivo fotográfico
un boceto en barro, bellísimo y original, de una Dolorosa. Pudo haber sido
imagen titular de la cofradía de Jesús Despojado, que empezó a reorganizarse
en los años 50. No obstante, el proyecto no culminó, encargándosele
definitivamente a Eslava, a quien se le mostró este boceto de Perea. Se sabe
que éste, posteriormente, fue ya pasado a madera por quien nos ocupa y la
imagen se concluyó, pero no se conoce su actual paradero. También su hijo nos
habla de otra Dolorosa, de la que existe testimonio gráfico. Pudiera ser alguna
de las dos la que recibe culto en la localidad jiennense de Beas de Segura y que
el propio Perea cita como suya en un breve opúsculo realizado en ocasión de
una exposición celebrada en el Hotel Macarena hace cinco años.
Mucho
más podría decirse de este artista sevillano. Quedan, así mismo aspectos de
su vida y su obra que se encuentran actualmente en investigación en base a los
documentos y papeles personales. No obstante, basten estas líneas como un
homenaje a su memoria y una aproximación a la desconocida, pero interesante
producción artística de Antonio Perea Sánchez.