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Cuatrocientos años de las primeras normas eclesiásticas sobre la Semana Santa en la Diócesis de Sevilla: El Sínodo del Cardenal Niño de Guevara de 1604.uatrocientos años de las primeras normas eclesiásticas sobre la Semana Santa en la Diócesis de Sevilla: El Sínodo del Cardenal Niño de Guevara de 1604.

Sínodo DiocesanoLas Constituciones Sinodales de 1604 constituyen el punto de llegada de todo un proceso que comenzó con bastante antelación. De hecho, conocemos documentalmente que, tras la finalización del Concilio de Trento (1563) hay un vivo interés por parte de Felipe II en la aplicación efectiva de sus cánones en la Iglesia española, urgiendo de los prelados la convocatoria de sendos concilios provinciales en las archidiócesis (se establecía en Trento que fuesen trianuales) y sínodos diocesanos (anuales) con objeto de crear una estructura eclesiástica acorde con la necesaria Reforma tanto "in capite" como "in membris" que tanto prelados y teólogos españoles, amparados por la Corona, habían preconizado desde la segunda mitad del siglo XV con figuras como Cisneros en Toledo y Hernando de Talavera en Granada. Trento formalizaba este proceso y conformaba una Iglesia más preocupada por la acción pastoral y marcadamente nacional, es decir, integrada en los esquemas políticos de la monarquía, cuyos reyes ejercían un control efectivo sobre su jerarquía mediante el derecho de presentación y una preocupación viva por la pastoral del pueblo. Si por algo se singulariza el Barroco español es sobre todo por la simbiosis absoluta entre lo religioso y lo secular, hasta el punto de que no era posible delimitar los dos ámbitos y en determinados casos nadie tenía por extraño que interviniesen bien el Arzobispo o el Asistente en nombre del rey.

Sevilla una de las mitras mejor dotada económicamente y, por otro lado, ser sus prelados personas de una alta representatividad política, había una carencia de acción pastoral evidentísima, ante la cual los reyes poco podían hacer, a pesar de que fueron nombrados prelados de indudable carisma pastoral, a los que, sin embargo, faltaba continuidad tras su muerte. Entre ellos hay que destacar sin duda a Fray Diego de Deza, dominico, que en 1512 convocó el primero y único concilio provincial en la línea reformista de lo que luego se estipularía en Trento. Tras un largo número de prelados no residentes, hay otra figura clave, D. Cristóbal de Rojas y Sandoval, comprometido activamente con la Reforma y que, tras haber asistido al concilio y aplicado sus cánones en Córdoba, creó las bases para una renovación integral de la Iglesia sevillana, reuniendo sínodos al menos en 1572 y 1575, cuyas constituciones sirvieron de modelo para las de sus sucesores, los cardenales D. Rodrigo de Castro y Niño de Guevara. En ellas no se mencionan propiamente a las cofradías de penitencia, pero nos consta que durante todo su pontificado, supusieron una grave inquietud. Mérito suyo fue sin duda la formalización canónica de las mismas, lo que nos ha permitido documentar las primeras corporaciones y también su primera integración efectiva en la Iglesia, asistiendo por orden de antigüedad a actos y procesiones. Elaboró así mismo un completo informe sobre las estaciones de penitencia, valorando los elementos que perturbaban el buen orden de las mismas: su excesivo número, la nocturnidad, la participación clandestina de mujeres y muy diversas conductas irreverentes entre los flagelantes.

Su sucesor, D. Rodrigo de Castro, quizás el último gran príncipe eclesiástico del Renacimiento, mecenas y personaje imponente, llevó a la dignidad arzobispal sevillana a las mayores cotas de respeto y autoridad, aunque tuvo no pocos conflictos con el Cabildo. Este prelado continuó la labor de Rojas y Sandoval, introduciendo ya la cuestión de las hermandades y su necesaria formalización jurídica en el Sínodo que convoca en 1586.

D. Fernando Niño de GuevaraNiño de Guevara asume esta problemática y, a pesar de que sus responsabilidades como cardenal y miembro del consejo de estado le retenían a veces muchos años fuera de la diócesis, dejó establecidas en el sínodo de 1604 una serie de prioridades pastorales, entre las que estaban la ordenación de un clero residente, ilustrado y con la suficiente dotación económica para desarrollar una urgente labor pastoral . Junto a otras cuestiones que ya había legislado D. Rodrigo de Castro respecto a las hermandades, Niño de Guevara establece un capítulo entero sobre las estaciones de disciplina o penitenciales, donde, los elementos más significativos son la formalización del control de horario e itinerarios, la prohibición de estaciones nocturnas, la prohibición de procesiones anteriores al Miércoles Santo y una recomendación muy seria al compromiso devoto de los penitentes, evitando antitestimonios y abusos como la indecencia de algunas túnicas, alquileres de flagelantes, conductas inconvenientes con respecto a las mujeres....

Por los datos que ofrece Alonso Morgado en el Episcopologio conocemos que D. Fernando Niño de Guevara nació en Toledo en 1541. Su padre, D. Rodrigo Niño, era Caballero de la Orden de Santiago. Realizó sus estudios superiores en la Universidad de Salamanca, donde se licenció en derecho, pasando después al Colegio Mayor de Cuenca, donde alcanzó su primer beneficio como Arcediano de Moya en la Catedral. Posteriormente ocupó el cargo de Oidor en la Chancillería de Valladolid en 1570, de donde pasó al Consejo de Castilla en 1580, siendo nombrado poco después Presidente de la Chancillería de Granada.

Propuesto por Felipe II, el papa Clemente VIII lo nombró Cardenal en 1596, residiendo en Roma algún tiempo ocupado en diversas congregaciones y en representación real hasta que en 1599 fue llamado a España para ser el nuevo Inquisidor general, ocupando también un puesto en el Consejo de Estado. Un año después fue presentado para la sede hispalense, donde tomó posesión el 18 de junio de 1601 por poderes, entrando en la diócesis el 13 de diciembre.

El 12 de julio de 1605, el Cardenal culmina un interesante memorial para la Visita Ad Límina, cuyo tenor ha publicado el profesor Sánchez Herrero. Han pasado ya unos meses desde la celebración del Sínodo (fue en diciembre de 1604) y, a pesar de la importancia de las constituciones referidas a las estaciones de disciplina, se muestra bastante pesimista con su reforma y ordenamiento:

" Ay en esta ciudad muchas cofradías de legos...y por ser grande el número de estas cofradías hay, particularmente el de las de disciplina, que salen en la Semana Santa, es grandísima la inquietud y desasosiego que dellas resulta en tiempo tan santo, y en que convenía que el pueblo se recogiese a hacer penitencia de sus pecados. Y aunque en el synodo, que celebré el año pasado, se proveyeron cerca desto algunas cosas que parecieron importantes para reformar los abusos que en estas cofradías ay, son tantos que no me parece se podrán reparar, sino es mandando VS quitar algunas dellas y agregarlas a las más antiguas y principales, son más de cuarenta las de disciplina y por esta razón desde el Miércoles después de comer hasta el Viernes Santo en la noche con gran profanidad y inquietud del pueblo"

Duda incluso de la efectividad de los cánones sobre las estaciones de penitencia y ejemplifica este aserto con las cofradías étnicas, que mueven más a burla que a edificación en sus cortejos

No obstante, se trata de una reflexión carente de perspectiva, pues el Sínodo, en este aspecto, representa un hito tremendamente positivo en todo un proceso difícil, penoso, inquietante y perturbador para la sede hispalense desde que se plantea seriamente la Reforma tridentina y una iniciativa inteligente y pastoralmente necesaria. Niño de Guevara ha asumido todas las iniciativas de sus predecesores, continuando con la progresiva clarificación del ordenamiento legal de las hermandades, que ya había formalizado D. Rodrigo de Castro, estableciendo asimismo como él, las visitas de control a sus sedes y todo parece indicar, como se verá, celebrando reuniones a través de su provisor con las propias cofradías para regular las estaciones de penitencia.

Convocado para el 5 de diciembre, domingo, este Sínodo Diocesano, comenzó con una solemne celebración eucarística en el altar mayor presidida por el cardenal, y con la asistencia de todos los padres participantes, tras la cual se leyó el acta de apertura del sínodo, aunque las congregaciones propiamente dichas no comenzaron hasta el día 7 , martes, en la Sacristía Mayor, donde también se desarrollaron la tercera del jueves 9, siendo la última el viernes 10, con un horario exclusivo de mañana, de 7 a 12, en las que se leían una a una todas las constituciones. Finalmente, el Cardenal, solicitaba la aprobación, que todos aceptaron, promulgándolas solemnemente para que fueran observadas. Fue secretario del Sínodo Francisco Balza, canónigo penitenciario.

Las Constituciones se dividen en cinco libros y treinta y nueve títulos, culminados con el edicto general e instrucción para los visitadores, compuestos a su vez cada uno en varios capítulos

El capítulo 23 del título "De celebratione missarum" constituye el culmen de los pontificados reformistas respecto a las estaciones de penitencia. Hay un reconocimiento de la tremenda popularidad de estas cofradías y de sus procesiones. Niño de Guevara se ve obligado a introducir en los cánones a las hermandades porque ha dejado de ser un tema marginal, para constituirse en una de las prioridades de la pastoral. Es consciente asimismo de la necesidad de elevar el rango de las hasta ahora ineficaces normas e incluso reuniones con las hermandades, a fin de obligar efectivamente a los cofrades, que contaban con Reglas aprobadas por la Mitra. De alguna manera, Niño de Guevara lo que hace es formalizar un estado de la situación, culminando un proceso que comenzó D. Cristóbal de Rojas.

Pero quizá uno de los aspectos más importantes es que, por vez primera, se documenta la convocatoria de una reunión entre el Provisor y los Mayordomos y priostes de las Hermandades, es decir, un claro precedente del actual Cabildo de Toma de Horas. Según el tenor literal, esta reunión ya se verificaba, al menos, para la fijación del horario de salida de su sede y ahora se ordena se convoque también para los itinerarios.

Las Constituciones no concretan, porque no era su cometido al tratarse de unas disposiciones para toda la diócesis, un ordenamiento específico de horario e itinerario para las cofradías de disciplina de Sevilla, remitiendo el prelado esto a un auto del Provisor y también a un acuerdo con el Cabildo Catedral, que el tenor parece dar a entender, al menos respecto al cabildo, que ya se había concertado o estaba en trámites, desconociéndose hasta el presente documentación concreta de esta época sobre el particular , así como de la obligatoriedad de la estación a la catedral las de la ciudad y a Santa Ana las radicadas en el barrio de Triana, que, de hecho, ya se daba, incluso por Reglas, aunque no de manera exclusiva.

Pero lo importante es que sienta las bases de la actual Semana Santa, donde las cofradías ordenan sus estaciones de penitencia en función de las directrices de la jerarquía eclesiástica, pero con el concurso de sus dirigentes, lo que constituye una iniciativa , ciertamente precaria, de integración de la marginada religiosidad popular en el proyecto de pastoral reformista derivado de Trento. Esta normativa, no obstante, no constituyó en la práctica una merma en la identidad naciente de las cofradías ni de su idiosincrasia y carisma penitencial, tolerado, aunque siguiera siendo fuente de numerosos contenciosos a lo largo de los siglos.

 Carlos José Romero Mensaque

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© El Rosario en Sevilla 2004. - Carlos J. Romero Mensaque