ofrades de Sacristía o de Iglesia?
Parece claro constatar que las hermandades
y cofradías van adquiriendo en los últimos años un mayor sentido de
eclesialidad, es decir, de la toma de conciencia activa de que la Iglesia no es
sólo un ente jerárquico y controlador, sino que es, sobre todo, una comunidad
que integra a los que profesan una misma fe, cada uno con sus forma de ser y
actuar, pero todos con responsabilidades.
En este sentido, ha habido un esfuerzo
sincero y comprometido tanto por parte de la Jerarquía como de los dirigentes
de las hermandades y de los Consejos locales. Es necesario destacar el carácter
pastoral que el señor Arzobispo ha otorgado al renovado Secretariado de
Hermandades y la labor que viene desempeñando este organismo en el ámbito de
la Formación, aspecto ya iniciado con la Asamblea de Hermandades. No obstante
hay que decir con claridad que este proceso va a ser necesariamente prolongado
en el tiempo . No son pocos los prejuicios seculares que se han ido generando.
Lo primero es ir abriendo cauces que permitan establecer una comunicación entre
los que hasta ahora han sido departamentos-estancos. Conseguir esto sería
realmente la principal constatación de que se está caminando por el sendero
correcto.
Pero no bastan las palabras ni las buenas
intenciones de la jerarquía ni de los dirigentes cofrades. Inquieta descender a
la cotidianidad de nuestras cofradías, al día a día en la casa de hermandad,
los ensayos de las bandas de música, los costaleros, los cofrades de a pie que
asisten a los cultos anuales, la expectación que se crea en nuestras ciudades
cuando se acerca la Semana Santa, las tertulias cofrades.... ¿También ellos se
plantean estas cuestiones? ¿Tienen conciencia de Iglesia? ¿Les preocupa? Creo
sinceramente que no. Hay como una dicotomía o contraste entre esos grupos de
formación que se van creando en las casas de hermandad, con reducido número de
cofrades, promoviendo una interesante dinámica permanente y esos otros,
cuaresmales o semanasanteros, que abarrotan la misma sede de la hermandad, pero
que en el fondo no hacen hermandad.
Cada vez se escucha más en el mundo
cofrade la expresión "cofrade de sacristía" para referirse a estos
hermanos que suelen acudir a su grupo de formación, que participan en la misa
de los domingos y, sobre todo, a los oficiales de Junta que organizan
actividades juntamente con la parroquia o establecen determinadas normativas
coherentes con la fe y la moral en las estaciones de penitencia...
Es verdad que siempre ha existido esa
"minoría necesaria" en cada hermandad que durante todo el año ha
mantenido el "fuego sagrado" para entregarlo a toda la masa de
cofrades a la llegada de la Semana Santa, pero era normalmente un grupo sin
pretensiones más allá de lo rutinario, de la pequeña tertulia, del culto
interno... y poco más. Ahora esta minoría ha tomado conciencia de que la
Hermandad puede ser un lugar y, sobre todo, una comunidad donde se puede vivir
la fe, celebrarla, compartirla y traducirla en una hermandad real con lazos de
amistad y solidaridad más allá incluso de la nómina de hermanos.
Pero más de las tres cuartas partes de
los hermanos de cada una de nuestras hermandades (en líneas generales) sigue
sin saberlo. Es verdad que lo escuchan en la casa de hermandad cuando van a
recoger la papeleta de sitio, es verdad que lo leen en el boletín informativo,
pero no llega de verdad a su vida de cofrade, de cristiano, de persona. Y esto
"quema" a los dirigentes.
Está claro que algo falla en todo esto.
Las hermandades, que nacieron con la misión de integrar la religiosidad popular
en la pastoral de la Iglesia, sólo pueden asumir este papel de manera reducida
en la Semana Santa o en ocasión de algún evento extraordinario. Pero, bueno,
de esto se es consciente por parte de los cofrades dirigentes ahora y no hace
unos años. Quizá esta sea la clave. Y si ellos han tardado tanto... ¡qué no
tardará la "gran masa dormida"!.
La cuestión está en que esta minoría de
cofrades comprometida con la formación y la coherencia fe- vida de hermandad,
sean o no oficiales de junta, tenga la decidida voluntad de integrar a los
hermanos en este proceso de reflexión y diálogo entre sí y con la Jerarquía,
que no se encierre en la "sacristía" donde va a "estar a
salvo" de "impurezas" populares o de religiosidades culturales
poco ortodoxas... y mantenga la puerta abierta al que quiera entrar.
Se corre, si no, el gran riesgo de
convertir este acercamiento necesario a la Iglesia y su jerarquía, en una
especie de "clericalización" o, por mejor decir, de desnaturalizar lo
cofrade, alejarlo de la religiosidad popular. Nunca sería entonces más claro
la pérdida del "sentido eclesial" . Nuestras hermandades, consciente
o inconscientemente, desarrollan una auténtica pastoral de frontera con esta
religiosidad de nuestro pueblo. En la medida que se sientan Iglesia, en esa
misma medida sabrán encontrar su lugar de privilegio y su propia identidad como
cofrades en la conformación cultural y religiosa de la difícil sociedad que
nos ha tocado vivir. Las hermandades son Iglesia porque Iglesia son todos los
bautizados, y, en una hermandad, tanto el Hermano Mayor y su junta de gobierno
como el hermano o hermana que sólo acuda el día de la Procesión.
En definitiva, lo que urge es un
testimonio decidido, que las palabras se hagan obra, que se busque sin
prejuicios una comprensión efectiva de la religiosidad que vive el pueblo y que
constituye la base de todas las hermandades, plantearse por qué un hermano no
se integra más, por qué no pide o exige de su hermandad algo más que una
papeleta de sitio... quizá algo que le sirva como persona, como cristiano....
Y, también, un aspecto de no poca importancia: crear en la Jerarquía una
actitud comprensiva hacia la religiosidad popular, que deje de considerarse
marginal sin más e integrarla en positivo, que cuente con los cofrades para
ello.
Si se camina en esta dirección, las
hermandades tendrán un real sentido de Iglesia y poco a poco se irá
desprendiendo de ellas todo aquello que pueda ser un mucho o un poco incoherente
con el Evangelio. Si los hermanos más comprometidos se dedican, por lo
contrario, a ser "cofrades de sacristía" podrán quizá vivir entre
sí una vivencia más intensa de su fe y conseguirán un mayor compromiso
personal con la Iglesia, pero habrán dejado de ser cofrades, porque han
preferido ejercer como tal en la sacristía y no en la hermandad, con sus
hermanos de a pie, a quienes quizá han impedido integrarse de verdad en la
Iglesia.