uaresma.
Vivimos en un momento difícil. Es
constatable la crisis de valores que se dan en nuestra sociedad. Todo parece
relativizarse. El hombre parece que deja de creer en que las cosas han de tener
un sentido más allá de la realidad cotidiana en que todo es negociable. Se
desconfía sistemáticamente de lo que se nos dice...Nada parece claro. Todo
vale...
Y, sin embargo, cada vez más este
hombre de nuestros días, aparentemente escéptico y despreocupado de todo
sentido moral, necesita ser y sentirse realmente persona, necesita afecto,
seguridad...amor...tener algo que no se le pueda romper en las manos, una
confianza en que su vida vale la pena, que hay amigos de verdad, que todo lo que
soy no puede acabar en una muerte para siempre...
El corazón del hombre sigue
latiendo muy vivo, aunque su sonido se ahogue entre el vocerío de la
superficialidad que le rodea, de las palabras que nada dicen, del amor
intranscendente que se compra y se vende... El corazón no se ve, se esconde en
los miles de rostros sin luz, ciegos de no querer ver con claridad ni a mí ni a
mis vecinos. Decía Saint-Exùpery "Sólo se ve bien con el corazón. Lo
esencial es invisible a los ojos".
Es hora ya de tomar decisiones
porque nuestro ser como hombres está en juego. Es tiempo de optar con decisión
por valores absolutos, que sigan inalterables más allá de las circunstancias
de la historia y de los intereses del momento, que den un sentido a mi vida
personal, a mi trabajo, a mi relación con los demás...que me ayuden a ser
feliz, que me despierten de mi rutina. Es preciso enfrentarse a la realidad del
mundo en que vivo y crear a mi alrededor un poco de ilusión, un poco de
Verdad...
Pero ¿Qué es la Verdad? El tiempo
de Cuaresma nos lleva siempre al Desierto, como Jesús. Allí, en el santuario
de la conciencia, aparece la tentación y el camino de Dios. Ambos se presentan
como el que puede hacer al hombre más feliz, más dueño de su vida, más
libre. Y hay que elegir, sabiendo que te juegas tu existencia. Jesús escogió
el camino de Dios, pero las tentaciones fueron muy fuertes...Al final,
prevaleció en él la opción más comprometida y difícil, la que significaba
el grave compromiso de vivir día a día con el trabajo de mis manos, con la
incertidumbre de mi razón, con la arriesgada, pero entrañable llamada del
corazón...
El camino de Dios pasa por
enfrentarse a la realidad sin tapujos, por no dejarse llevar...por los aparentes
triunfos de la mentira, la hipocresía, el poder, las riquezas...Pasa, en
definitiva, por fiarse de quien primero se arriesgó por nosotros en una
decisión que le costó la vida. Aquella Cuaresma le condujo a la Pasión y a la
Muerte -duro camino, "demasiado humano"- pero en el amor que entregaba
con su vida como valor absoluto de su fe- Resucitó...descubriendo la Verdad:
que todo tenía un sentido, que el camino del hombre es también el de Dios.
Ojalá nuestra Cuaresma también nos
conduzca a Dios en la búsqueda sincera y comprometida de la Verdad...Merece la
pena intentarlo.