l Efecto 2000
En los ámbitos informáticos se
esperaba con cierta inquietud la llegada del año 2000. Finalmente no ocurrió
casi nada de lo que algunos agoreros, no sin evidentes intereses comerciales,
nos hacían temer a los que, en mayor o menor medida, nos integramos en el mundo
de los ordenadores. A este fenómeno se le ha denominado "el efecto
2000", pero yo me pregunto: ¿sólo en la informática?
Me parece que no. Y nuestro mundo
cofrade creo que es bien consciente de esto. Hay inquietud y preocupación
respecto al futuro de las hermandades, de la Semana Santa. En Sevilla se han
celebrado en un breve lapso de tiempo una Asamblea de Hermandades y el Congreso
Internacional de Religiosidad Popular y Hermandades coincidiendo con este final
de siglo y se ha conseguido movilizar a muchos cofrades de toda la diócesis…
e incluso del resto de España y del extranjero. Pero yo no puedo dejar de
cuestionarme si este "efecto 2000" no ha sido como el de la
informática y si existen intereses al margen de lo que es la realidad cofrade
en sí.
Voy a explicarme: el mundo de
nuestra religiosidad popular y, por ende, de las hermandades y cofradías está
cada vez más inmerso en un circuito económico que genera un "efecto"
multiplicador. Se quiera o no estamos de "moda" y, por lo menos, aquí
en Sevilla, existe un auténtico negocio organizado empezando por la Carrera
Oficial y el alquiler de las sillas y palcos para ver las cofradías,
continuando por la invasión de libros, compact- disc, videos, pins, separatas
de prensa… y terminando con los bares cofrades o tiendas especializadas en las
que entras con una idea y puedes salir casi con una cofradía en la calle. En
otras partes de Andalucía me consta que está ocurriendo algo parecido. No son
pocos los que viven de todo esto, pero, paradójicamente, en nada o muy poco
esto afecta a lo que es en sí el concepto de hermandad, de estación de
penitencia, de cofrade… Curiosamente asistimos a un fenómeno en torno a las
hermandades que en muy poco tiene relación con estas, salvo en los elementos
superficiales… Entonces, ¿qué está pasando aquí? Se está generando una
Semana Santa light, consumista, esencialmente comercial y competitiva donde el
mayor interés está en la relevancia social, la apariencia y, por supuesto, los
intereses económicos.
Ese puede ser el efecto 2000 de
nuestras cofradías… Y ciertamente ha sido anterior a la finalización del
siglo, pero puede ser determinante en el que viene porque si toda esta
superestructura consigue desmedular lo que todavía son los conceptos
vivenciales de lo cofrade, reducir el evidente sentido cristiano a un mero
universo simbólico… entonces los temores de algunos se verán confirmados y
nuestras hermandades pueden convertirse en otra cosa…
Pero, ¿el problema radica sólo en
este "efecto comercial"? Lamentablemente no. Incluso quizás tampoco
sea el más peligroso en definitiva. En anteriores artículos me he referido a
la proliferación de los que denomino "cofrades de sacristía" que, en
aras de eclesializar a las hermandades, a veces desvirtuan el instituto
primordial y tradicional de las mismas que es el culto y la caridad y lo
confunden con los de otras asociaciones de nuestra Iglesia, que son muy
importantes, pero no "calzan" en nuestro ámbito. Evidentemente no
propugno unas hermandades autónomas de la pastoral eclesial , al contrario.
Estoy convencido que en una parroquia la Hermandad es esencial para la
integración pastoral de tantas y tantas personas que viven a diario la
religiosidad popular, que vibran y se emocionan con la devoción a las
imágenes, pero que tanto les cuesta comprender a la Iglesia-Institución, vivir
la práctica sacramental, conformar su existencia con el Evangelio… Muchas
veces, desde estos ámbitos, se propugnan unos modelos de hermandades muy bien
fundamentados en la teología y los cánones… pero en los que no se constata
la realidad y las vivencias de los cofrades… y es una lástima porque se está
perdiendo una oportunidad histórica y no es tan complicado.
No sé, quizás con este tipo de
artículos también se favorezca este "efecto", quizá esté
magnificando lo que sucede en nuestro mundo cofrade. Ojalá. Me encantaría
pensar que el hermano o hermana de a pie, el que durante todo el año vive su
compromiso cristiano en la hermandad, que se emociona como el que más con su
cofradía en la calle, pero que a la vez es consciente de los pequeños detalles
de cada día en la casa de hermandad, de la tertulia, de ese saber hondo de lo
que es tradición legítima…. Ojalá, digo, este cofrade, crea que exagero y
mi artículo se convierta sólo en un tema más para hablarlo en la Hermandad,
con los hermanos habituales, pensando después en cosas serias de la cofradía:
la estación de penitencia, los temas de predicación de los cultos, cómo
mantener la subvención a esa obra asistencial… pero… bien pensado…
también esta actitud, si se centra exclusivamente en su cofradía y se
desinteresa de todo lo que le rodea… puede generar otro "efecto"
negativo, el del capillismo, ya de por sí secular… pero que también amenaza
con continuar…
Pero no quiero hablar sólo en clave
negativa. Existen otros "efectos" eminentemente positivos, aceptados
así por la gran mayoría de los cofrades.
Por referirme sólo a algunos,
destacar la cada vez más asumida integración de la mujer en la vida y gobierno
de las hermandades, que estoy convencido que generará un más efectivo
acercamiento de éstas a la sociedad y a la Iglesia, una mayor capacidad
creativa respecto a las actividades internas y, en general, una actitud más
tolerante en las relaciones humanas.
Otro efecto positivo lo constituye,
sin duda, el hecho de que cada vez exista una inquietud y preocupación por el
patrimonio histórico-artístico de las hermandades, lo que se manifiesta en la
convocatoria de sendos congresos y jornadas a donde concurren los cada vez más
numerosos investigadores universitarios y el cuidado por preservar las imágenes
y enseres procesionales sometiéndolas a restauraciones en centros profesionales
y subvencionadas por los poderes públicos.
Y, por último, en relación con un
punto anterior, el indudable avance de una mayor conciencia de pertenecer a la
comunidad eclesial por parte de los cofrades, lo que está determinando una
comprensión mayor de los obispos y sacerdotes y el reconocimiento de una cada
vez más clara mayoría de edad de los laicos en la participación de la
pastoral de la religiosidad popular.
En fin, efectos positivos evidentes,
aunque, por aquello de la inquietud de un cambio de siglo o milenio, me haya
fijado más en los que me preocupan. Lo importante es vivir el día a día con
una actitud positiva, sin reservas hacia nada o nadie y aunar los máximos
esfuerzos por crear un futuro donde la fe, la cultura y la vida se integren en
nuestra tierra y nuestras cofradías.