a "Movida" Cofrade.
En estos días en que la
"movida" se cuestiona desde diversos ámbitos sociales y se
plantean por parte de las autoridades algunas alternativas a la juventud
que sale a divertirse los fines de semana, quizá tendríamos que analizar
esa otra "movida", la cofrade, que alcanza su cenit en la
Cuaresma y se caracteriza no por el "botellón" o el alto
volumen de los radiocasetes, pero sí una auténtica
"borrachera" de incienso, música y cera que no sé si
provocará más de una resaca, pero que en todo caso genera un hartazgo en
la mayor parte de los cofrades, aunque hayan sido ellos mismos los que
iniciaron el proceso que ha desembocado en la "movida " actual.
Al igual que los jóvenes, hay una
rutina en la "movida" cofrade, a la que se acude un poco por
costumbre y un mucho por falta de alternativas, pero que ha olvidado la
causa primera de sus reuniones: la búsqueda de una comunicación abierta,
distendida, abrir cauces de libertad en una sociedad donde se manipulan
los valores y apenas se da cancha a la inquietud personal, a una amistad
sincera, lejos de los convencionalismos e hipocresías.. o, lo que
traducido en la terminología cofrade, sería la necesidad de generar
caminos nuevos de fraternidad y comunicación mediante las casas de
hermandad, los boletines, creación de cuadrillas de costaleros hermanos,
coros, bandas musicales y, en uso de nuestro tradicional orgullo, hacer
partícipes a toda Sevilla de las bondades que cada uno en su hermandad
realiza... La triste realidad es igual en ambas movidas: mucha gente
desencantada del ruido intranscendente, muchas protestas del vecindario
que no les entiende y una amplísima cantidad de papel impreso o botellas
de plástico, que dan fe que allí hubo una "movida" y... por
supuesto una resaca a veces terrible en la que no recuerdan nada de lo que
ha pasado.
Ciertamente los cofrades somos
personas muy serias y con razón algún lector se habrá molestado con ese
calificativo de "movida" asignado al ámbito cofrade en época
cuaresmal. Pero, o mucho me equivoco, o estamos convirtiendo "lo
cofrade" en una categoría estándar de sevillanía, donde lo
importante es una manifestación light de lo religioso, descomprometedora,
evasiva, de ocio más que de devoción, donde se integran cada vez más
seudo cofrades y menos hermanos, donde siguen existiendo críticas severas
a los usos inadecuados, pero la falta de caridad se convierte en incentivo
de audiencia en los medios de comunicación y la integración efectiva en
la Iglesia diocesana es una "intromisión injustificable de los
curas" en unas asociaciones populares más que religiosas...
El problema más serio es que la
"movida" llegue a las hermandades, donde todavía es posible
vivir la fraternidad cofrade, al menos, en la cotidianidad de la casa de
hermandad entre los hermanos que la frecuentan, promoviendo asimismo actos
de culto y formación en donde celebrar, convivir y reflexionar a la luz
del Evangelio y el testimonio vivo que nos ofrecen nuestros Titulares. Es
preciso crear en ellas una auténtica "movida de hermandad"
donde la palabra hermano no suene a eufemismo, donde se dialogue y se haga
el silencio reflexivo y oyente, donde los protagonistas sean Cristo y
María y las imágenes humanas de nuestros hermanos.
No es una utopía. Cada vez más los cofrades
necesitamos ser hermanos de nuestras hermandades y "pasar" de
esa "movida" que nos lleva a una esperpéntica caricatura que
aparece en los medios de comunicación en esa compulsiva dinámica de
salir a la calle. Y no nos engañemos, es preferible que nuestras
imágenes presidan menos vía crucis y que lo hagamos nosotros mostrando
al mundo que nos rodea que creemos en ese amor desinteresado, o esa paz
por la que dio su vida nuestro Cristo hace ya casi 2000 años en el
Calvario de una ciudad como las nuestras, que también entonces celebraba
una Semana Santa.