a New Age.
En estos últimos tiempos los distintos medios de
comunicación han puesto sobre el tapete diversos dilemas éticos y
morales en cantidad tal que ciertamente colapsan nuestra capacidad
crítica inmediata y obligan a una reflexión serena y comprometida en el
ámbito de nuestras comunidades cristianas y, entre ellas, las hermandades
y cofradías. De no afrontar esta auténtica avalancha se corre el
tremendo peligro de, por un lado, dejarnos arrastrar pasivamente en el
ritmo de nuestra sociedad global que acerca culturas, pero también las
relativiza en un "totum revolutum" intrascendente y carente de
valores, o, por el contrario, cerrar nuestros ojos, ralentizar y diferir
opciones y nadar contra corriente, incomprendidos y con conciencia de
defraudar a quienes siguen esperando, aun sin reconocerlo, una respuesta a
tantos interrogantes.
La moda de la "new age" ya en los umbrales
del siglo XX impregnó de una actitud un tanto extravagante a distintos
ámbitos del arte y la cultura. Se palpaba en el ambiente un ansia enorme
de novedades, de romper esquemas obsoletos que impedían el libre curso de
las ideas... Se experimenta, se elaboran diseños atrevidos... pero casi
sin querer, al arrinconar ideas y creencias como mueble viejo, se dejaban
en las tristes habitaciones retazos de alma, esquemas de sentido, calor...
y sentimientos más allá de la estética... La "new age"
recubría de una superficie "encantadora" a personas y
edificios, pero cuando aquellas y éstos fueron destrozados por las
guerras mundiales, la alegre sociedad occidental tuvo de nuevo miedo... y
el mundo de cristal de las Grandes Exposiciones se quebró como una triste
fantasía. ...
El ser humano se encuentra en esta época de la
globalización en una encrucijada ética de especial relevancia. Hoy más
que nunca se hace precisa una reactivación de los valores absolutos que
den un sentido coherente a la dignidad de las personas por sí mismas y en
relación solidaria con los demás. Se necesitan ámbitos acogedores donde
se dialogue y compartan criterios y sentimientos. Demasiadas veces se
afrontan dilemas éticos desde los fríos principios y se obvian las
circunstancias y el dolor de las personas que los protagonizan...
Demasiadas veces se nos inunda de noticias tristes, crueles para que poco
a poco nos insensibilicemos en nuestra cultura del confort... Demasiadas
veces, en fin, nos despreocupamos de nuestro alrededor metidos en nuestras
preocupaciones particulares de cofradías, de parroquias... aunque, eso
sí, nos preocupe integrarnos en la red telemática para no perder el tren
de la globalización ....
Desde nuestras hermandades podría iniciarse una auténtica y
revolucionaria "new age" del compromiso, en la más auténtica
tradición cofradiera. Para ello preciso será que, manteniendo nuestro
atractivo de superficie estética que tanto atrae a las gentes, creemos en
nuestros ámbitos internos unos espacios cargados de sentimientos
afectivos a todo el que se acerque, sea cofrade o no, que la devoción a
las imágenes se prolongue a la acogida amistosa al hermano, que las
lágrimas de emoción surgidas al paso de la cofradía lleven a un
espíritu de escucha y comprensión cuando el dolor, la duda....el dilema
moral llega a nuestras vidas. Conseguir que una Hermandad tenga el
preciosismo estético de una vida interior, que en ella la fe sea una
actitud natural y coherente ayudará sin duda a que sea una referencia
externa de esta nuestra Iglesia que necesita hoy más que nunca ser esa
instancia de sentido que nos invite a reflexionar y a crecer como personas
en torno al Dios Crucificado, que desde cada noticia de los medios de
comunicación nos interroga sobre nuestra fe y capacidad de compromiso
cristiano y cofrade.