FRAY PABLO DE CÁDIZ Y
LA INFLUENCIA CAPUCHINA EN LA CONFORMACIÓN DE LOS ROSARIOS PÚBLICOS
La ciudad de Sevilla y las predicaciones del dominico Fray
Pedro de Santa María de Ulloa en su convento de San Pablo, las investigaciones
sobre el tema obligan a una clara precisión conceptual.
Efectivamente la figura carismática de Ulloa es determinante
para que la devoción del Rosario en Sevilla desembocase en un acontecimiento que
cabe denominar "explosión rosariana" y provoca un cambio estructural en la
manera de concebir la devoción, constituyendo el fenómeno de los Rosarios
públicos. Ciertamente existía toda una tradición en el ámbito de la Orden de
Predicadores y sus cofradías y, sobre todo, en las Misiones jesuíticas de la
segunda mitad del XVII donde el rosario cobraba cada vez mayor protagonismo,
pero normalmente como una práctica de iglesia, pero este dominico, en los pocos
años (1688-1690) que predicó en Sevilla hizo del Rosario una auténtica panacea,
un medio privilegiado para entender y vivir la fe de una manera
extraordinariamente cercana y sensible a la vida y la religiosidad de los
fieles. A partir del Rosario, Ulloa explicaba con sencillez y hondura lo
esencial del Evangelio y sus prédicas eran a diario seguidas con fruición por
miles de sevillanos.
Murió en olor de santidad y fueron impresionantes las
manifestaciones de duelo. Pero la conmoción no entibió, sino muy al contrario,
exacerbó la devoción del Rosario hasta el extremo que en la misma noche de sus
funerales en San Pablo, unos vecinos de la parroquia de San Bartolomé, cofrades
de la Hermandad de Nuestra Señora de la Alegría, sin duda como homenaje a Ulloa
y al Rosario, salieron espontáneamente por las calles rezándolo a coros, tal y
como hacían en la iglesia con el dominico o en su parroquia o en las Misiones,
donde incluso algunas veces lo habían hecho por la calle. Lo que parecía ser un
hecho aislado, pronto se convirtió en un fenómeno de masas. Habían comenzado los
Rosarios públicos. Era el 17 de junio de 1690.
Pero con ello no quedaba institucionalizado el fenómeno. Se
hacía precisa una cierta regulación de los cortejos a fin de preservar la
"nueva" devoción rosariana, que tanto éxito estaba teniendo entre los fieles. Al
mismo tiempo, el clero, que pronto percibió las grandes posibilidades
pastorales, no quería se escapase del control. Así lo entendió perfectamente en
1691 el recién nombrado obispo de Cádiz, José de Barcia y el carismático
misionero capuchino Fray Pablo de Cádiz, auténtico conformador de estos Rosarios
públicos, tal y como siempre reivindicó su hermano de religión Fray Isidoro de
Sevilla, que desde 1693 y hasta su muerte colaboró con él en las Misiones,
atribuyendo la institución formal definitiva de los Rosarios públicos,
introduciendo al principio una cruz, a la que seguirían los faroles de asta y de
mano alumbrando los coros y, sobre todo, un estandarte mariano, que cerraba y
presidía la comitiva, saliendo por vez la procesión conformada en siete de
febrero de 1691 por las calles de Cádiz, a hora de Prima noche, sólo unos meses
después del fallecimiento de Ulloa.
[..] "No había salido todavía a la calle en nuestra Andaluzia
con pendón determinado para esso el Rosario de la Divina Emperatriz y fray
Pablo, para que esta Soberana fuese públicamente venerada, discurrió esta
extensión del culto, ideando que sería muy del agrado de Su Majestad que por las
calles y plazas públicas sus angélicas salutaciones a choros se entonasen
llevando su regia imagen en un estandarte hermoso, acompañado de vistosísimos
faroles, ardientes Mongibelos, que abrassándose en lo interior, a lo exterior
redundasse el resplandor de sus luzes, precediendo a todos la Cruz, regio
estandarte del Sacro Rey de la Gloria. [...] Fabricó vistosísimos faroles, así
de hasta como de mano, para que con brillantes luzes ilustrados, tributasen en
holocaustos fogosos rendido culto al más divino simulacro de la gracia. Fue
procesionalmente a la plaza llevando para guía una levantada y hermosa cruz y
acompañada de bien labrados faroles; seguíase después la gente con dos iguales
choros dividida y por último venía el estandarte de la soberana Reyna,
acompañado de muchos faroles de asta y otros quantos de mano, y éste es el
método que después tomaron para salir a la calle todos los Rosarios, que después
a imitación deste se instituyeron". .
Estas Misiones fueron, como adelanté, una iniciativa del
obispo de Cádiz, José de Barcia y Zambrana (1691-1695), prestigioso orador y muy
afecto a la devoción del Rosario desde sus tiempos de sacerdote en Málaga.
Fray Pablo estableció en sus Misiones en Cádiz 15 Rosarios en
recuerdo de los Misterios, a los que denominó muy significativamente "compañías
espirituales", aludiendo a las campañas militares de los israelitas en su
conquista de la Tierra Prometida, y añadía "patrocinadas (las compañías) con
regio pendón del Arca del Testamento, la Imagen de María Santísima, destruyeron
los bárbaros muros de Jericó, figura del Demonio". Falleció en olor de santidad
el 16 de noviembre de 1694, habiendo dejado un libro "Triunfo glorioso del Santo
Rosario".
Este libro es de capital importancia en la historia de la
devoción rosariana en Andalucía y España, pues otorga formal carta de naturaleza
teológica y pastoral al fenómeno de los Rosarios públicos y ordena y sistematiza
su cortejo con unas muy completas y pragmáticas ordenanzas o constituciones que
aprueba el obispo de Cádiz. Podría decirse que diseñó mucho más que uso. Era
toda una estructura devocional misionera.
Fray Pablo, aunque no deja de insistir en que la conformación
de los Rosarios públicos con estandarte o Simpecado determinado es obra suya y
timbre de honor para Cádiz, reconoce que el impulso fundacional partió del
venerable padre Ulloa y de Sevilla, con este tenor...
"Las señas dicen que es la gran ciudad de Sevilla, pero
también dicen las señas que es esta nobilísima ciudad de Cádiz. En Sevilla
plantó inferida en el rosal la médula de aquel celestial y purísimo Líbano,
aquella águila caudal dominicana, enfervorizando los corazones a su devoción con
el fuego de su angélica predicación, y de aquel fuego una centella traxo a Cádiz
una humilde cigarra capuchina, en el corazón, no en el pico, en que resplandece
más la omnipotencia divina, pues se sirve para tan celestial empressa de una
pobre avecilla, sin tener capacidad en el pico para hablar, porque atienda las
vozes de su canto el corazón"
En la obra se hallan prácticamente todas las características
que a lo largo del siglo XVIII va a configurar el fenómeno de los Rosarios
públicos. Fray Pablo, que publica este libro en 1693, ha tenido la oportunidad
de experimentar cumplidamente la iniciativa y de hecho percibe muy pronto la
necesidad de una regulación muy concreta y así mismo la fundación de unas
congregaciones o hermandades, que denomina "Compañías espirituales del Ave
María", con un número que en principio era limitado de hermanos, 175, regidos
por dos hermanos protectores (eclesiástico y seglar) a modo de hermano mayores,
unos Diputados que se encargan del gobierno de los Rosarios y los denominados
"hermanos Padres Nuestros", cofrades designados por su devoción y celo, para
dirigir el ofrecimiento y rezo de cada uno de los quince misterios.
Estas compañías estaban sujetas a la jurisdicción diocesana,
pero Fray Pablo estableció que sus hermanos se asentaran como Cofrades del
Rosario, es decir, en la Cofradía Dominica más próxima, a fin de lucrarse con
las muchas indulgencia concedidas por los papas. Esta disposición no deja de ser
un reconocimiento a la preeminencia dominica respecto al tema del Rosario.
El capuchino describe como ha de desarrollarse una procesión
del Rosario público. Se comprobará la rápida evolución formal desde los primeros
sevillanos de 1690:
"Han de asistir los dichos 175 hermanos [...] todas las
noches de los días del año a la iglesia donde esta Compañía Espiritual
estuviese fundada y con todos fieles que quisieren asistir, saldrán por las
calles cantando un tercio del Santo Rosario y después las Letanías de Nuestra
Señora, como al presente se haze, con mucha atención, reverencia y devoción,
acompañando con la meditación de los Misterios [...] que correspondieren a los
Ofrecimientos de aquella noche [...] a laz vozes angélicas del Santísimo
Rosario, llevando por guía una santa cruz y dos faroles altos colaterales con
sus luzes, y presidiendo un Pendón y en él una imagen de la Virgen
Santísima nuestra Señora con toda decencia y primor, en el título y vocación
que se eligiere, que será siempre en cada Compañía de aquellos que en aquel
lugar huviese Hermandad o Cofradía, y quatro faroles colaterales altos,
con sus luzes, pero no por este número limitado y señalado se ha de quitar que
cada uno lleve y ofrezca los faroles con sus luzes que su devoción le dictase
y su posibilidad pudiere sustentar y esforçándose todos con sagrada porfía a
llevar los dichos faroles, haziendo a Nuestra Señora este singular obsequio
que vemos misteriosamente executado en el sol, luna y estrellas, que dize San
Juan en su Apocalipsis, que ofrecían sus luzes a María Santísima, para que
fuesen más resplandecientes sus exteriores glorias[...]
Ya conocemos el tamaño de estos faroles y el esfuerzo que
debía suponer el llevarlos, pero también el privilegio que suponía y que además
se encontraba lucrado con indulgencias por el prelado. Para alumbrar los coros,
fray Pablo recomienda otros faroles más livianos de mano y que además sean de
aceite y no de cera por resultar más económico.
La estación debía hacerse "por las calles las más
públicas y limpias, de suerte que aviendo en ella rezado el tercio del Santo
Rosario y sus ofrecimientos, se venga de buelta a fenecer la Letanía en la
misma iglesia; para cuyo canto se procuren las vozes más a propósito, que
haziendo dulce armonía al oído, excite la mente a elevarla a Dios y el corazón
a mayor devoción". El ejercicio culminaba con la recitación de la Doctrina
Cristiana (Mandamientos de la ley de Dios y de la Iglesia, Sacramentos, Credo,
artículos de la fe, obras de misericordia y las virtudes teologales.
Aunque el Rosario había de practicarse a diario, se hace
especial hincapié en el que se haya de celebrar los domingos y festivos a
primera hora de la tarde, que van precedidos de unos momentos de oración mental
en la iglesia, abierta a todo tipo de personas, con meditación sagrada, en el
transcurso de la cual se pronunciarán en voz alta por los eclesiásticos unas
"saetas" espirituales. Posteriormente tendrá lugar un acto de contrición y la
salida ya del Rosario que en estos días ha de recogerse antes de ponerse el sol.
En la obra se transcriben los Ofrecimientos para cada
Misterio, en prosa, pero junto a ellos unas Alabanzas preliminares y, sobre
todo, tres Glosas, ambas en verso, para cada uno: Gozosos, Dolorosos y
Gloriosos. Estas Glosas, precedidas cada una de una Décima con estribillo, se
cantaban.
Entre las obligaciones que fray Pablo impone a los cofrades
de estas Compañías hay aspectos personales y comunitarios. De entre los
segundos, se dedica especial atención a la asistencia a los cofrades que
fallecen, a quienes se ha de acompañar en su entierro e incluso se instituye un
Monte de Piedad para los gastos del mismo. Así mismo se han de aplicar los
sufragios por los hermanos fallecidos en las estaciones del Rosario.
Por último establece categóricamente:
"No se admitan mujeres ni impedidos, ni enfermos en la
cama; y a los negligentes y perezosos notablemente en la asistencia a los
Rosarios [...] los expelan y borren de la Compañía Espiritual y si avisados y
corregidos tres vezes, no se enmendaren, y lo mismo se haze con los
alborotadores que perturban la paz"
Es bastante probable que en Sevilla ya existiera un modelo
similar, aunque probablemente más espontáneo e informal y en él se inspirara el
capuchino para dotarlo de una primera sistematización. A diferencia de Cádiz,
podría decirse que por un lado el clero parroquial, y por otro las hermandades y
congregaciones de vecinos fueron creando un modelo en continua evolución En las
adiciones a los Anales de Ortiz de Zúñiga, escritos por Espinosa y Cárcel, se
afirma que los cofrades de la Alegría ya salieron con faroles y Simpecado, al
igual que los de la Luz de San Esteban pocos días después , tal y como afirma
Hernández Parrales, aunque no faltan autores como Ardales, que dudan de la
veracidad de esta fuente. El Simpecado, como se ha aludido en varias ocasiones,
era ya conocido popularmente y utilizado en diversas ocasiones. Es más: como se
ha observado, fray Pablo establece genéricamente que en el Pendón se represente
la Inmaculada, lo cual ya existía en Sevilla y sin duda en las primeras
procesiones sevillanas ya figuraría de entre los que se confeccionaron tras la
Cuestión Concepcionista y que el Capuchino debía conocer. Los faroles ya hemos
comprobado como existían desde el principio, por lo que no se puede dudar sin
más del dato de los Anales, aunque admitiendo el carácter espontáneo y no
formalizado de este primer Rosario. La cruz, por otro lado, constituía elemento
esencial en las misiones.
Los primeros Rosarios sevillanos, espontáneos, inmaculistas,
que rezaban y cantaban las avemarías a coro por las calles sirvieron a Fray
Pablo de Cádiz para establecer formalmente los cortejos en aquella ciudad en
1691 con notable éxito. ¿Influyó esta conformación en Sevilla? Todo parece
indicar que en parte sí, sobre todo cuando Fray Isidoro trata de implantar el
modelo en 1703, pero sin duda lo que este capuchino aporta no es tanto el
esquema gaditano (que básicamente ya existía aquí) sino la personalización de
los cortejos con la adquisición de un Simpecado propio y específico donde
figurara un lienzo con la imagen titular de la parroquia, capilla o hermandad
que rigiese ese Rosario. Fray Isidoro marcó la iniciativa nada menos que
instituyendo una nueva devoción, la Pastora, cuya imagen plasmó en un Simpecado
de Gala.
Es innegable que la Orden Capuchina se destacó sobre manera
en ordenar, sistematizar con notable sentido pastoral e innegable originalidad y
encauzar esta práctica respecto a dominicos, jesuitas, carmelitas...y, por
supuesto, el clero secular, conservándose diversas disposiciones prácticas sobre
el orden de estos rosarios.
Carlos José Romero
Mensaque
(Publicada en "Perfil
del Aire". Mayo 2003)
